Revista Suroeste | Académico Cristóbal Aguilera analizó la relación entre catolicismo, liberalismo y el rol del Estado

El profesor abordó las tensiones entre el catolicismo y el liberalismo constitucional. En su análisis, planteó que ambas tradiciones coinciden en limitar la intervención estatal en ámbitos que corresponden a las personas y a la sociedad civil.

Publicado el 18 de agosto, 2026 · 4 min lectura

El académico Cristóbal Aguilera Medina, profesor de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad Finis Terrae, abordó la relación entre catolicismo y liberalismo constitucional en su columna publicada en Revista Suroeste. El análisis se enfocó en la dimensión política y constitucional de este debate y, particularmente, en el rol que corresponde a la autoridad pública. 

En su reflexión, el docente explicó que el liberalismo constitucional se fundamenta en la libertad individual y busca contener el poder del Estado. Para ello, contempla la separación de poderes y el reconocimiento de libertades fundamentales como espacios de autodeterminación de las personas. 

A partir de esta definición, el profesor Aguilera identificó cuatro puntos de tensión entre el catolicismo y el liberalismo constitucional. El primero se relaciona con el papel que debe asumir el Estado frente al desarrollo y realización de las personas. 

En este punto, el académico sostuvo que la autoridad pública puede generar las condiciones necesarias para alcanzar el bien común. Sin embargo, la realización personal depende de las decisiones que adopte libremente cada ciudadano. 

Catolicismo y liberalismo frente al rol del Estado

El docente planteó que esta concepción no resulta ajena a la doctrina social de la Iglesia. Ambas perspectivas reconocen un papel para la autoridad pública, pero ninguna le entrega la responsabilidad directa sobre el florecimiento humano. 

Luego, el profesor abordó una segunda tensión: la condición social del ser humano. Frente a la idea de que el liberalismo tendría un carácter exclusivamente individualista, sostuvo que algunas de sus tradiciones también reconocen la importancia de las relaciones con otras personas para el desarrollo individual. 

El análisis avanzó posteriormente hacia una tercera discusión, relacionada con el bien y con quién debe promoverlo. Sobre este punto, el académico sostuvo que “la pregunta no es, pues, si hay algo que promover, sino quién ha de hacerlo: si el Estado o la sociedad”. 

El profesor utilizó la educación como uno de los ejemplos de esta discusión. Desde una perspectiva católica, explicó, reconocer una dimensión moral y religiosa de la enseñanza no significa que el Estado deba imponerla a todas las escuelas y familias. En este ámbito, destacó el derecho de los padres a educar a sus hijos y el principio de subsidiariedad. 

Libertad y sociedad civil ante el poder público

La cuarta tensión analizada se relacionó con las decisiones que una sociedad pluralista puede adoptar pese a resultar contrarias a las creencias de la Iglesia. El docente utilizó como ejemplo la legalización del aborto y explicó que el liberalismo constitucional recurre al consenso democrático para resolver las disputas entre distintas visiones morales. 

Por otro lado, el académico puso el foco en las familias, universidades, confesiones religiosas y otros cuerpos intermedios. Según desarrolló, estos espacios permiten cultivar valores culturales, morales y religiosos sin que el Estado deba producirlos directamente. 

Así, el profesor identificó una afinidad entre la tradición del constitucionalismo liberal y la doctrina social de la Iglesia: ambas desconfían de que el poder estatal sustituya la iniciativa responsable de las personas y de los cuerpos intermedios. 

“La discusión, entonces, no es entre quienes creen en la verdad y el bien moral y quienes no. Es sobre a quién le corresponde llevarlos a la vida. Y esa no es una tarea del Estado”, concluyó el académico.

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