La Escuela de Sociología de la Universidad Finis Terrae reunió a la comunidad en torno a una pregunta incómoda: ¿atraviesa la disciplina una crisis y, de ser así, de qué tipo?
El martes 16 de junio, la Escuela de Sociología de la Universidad Finis Terrae realizó el coloquio “¿La doble crisis de la sociología en Chile? Debates sobre su quehacer y su relevancia”, a cargo del sociólogo Tomás Undurraga, Doctor y Magíster en Sociología por la Universidad de Cambridge y director del Departamento de Sociología de la Universidad Alberto Hurtado. La cita, desarrollada a las 12:30 horas en la Sala B402, convocó a estudiantes, docentes e investigadores interesados en el presente y el futuro de una disciplina que, según el expositor, hoy debe responder a más de un cuestionamiento.
El diagnóstico: ¿por qué se habla de una crisis?
En la primera parte de su exposición, Undurraga sostuvo que las críticas a la sociología pueden ordenarse en dos grandes frentes. El primero apunta a su relevancia y a su capacidad de traducción pública. Para algunos, la disciplina habría perdido visibilidad en la esfera pública y se habría vuelto demasiado teórica, abstracta o especulativa, con diagnósticos difíciles de traducir al sentido común ciudadano y a menudo desconectados de las experiencias cotidianas, las vivencias y las subjetividades de las personas. Detrás de todo ello late una pregunta de fondo: si la sociología conserva o no su antiguo papel de “intelectual público” capaz de orientar los debates colectivos.
El segundo frente, más material, tiene que ver con el futuro profesional de la carrera y la competencia por su terreno. Undurraga recordó la baja de matrículas, puntajes y listas de espera, así como las dudas recurrentes sobre la inserción laboral de los egresados y sobre si efectivamente ejercen “como sociólogos”. A esa presión se suma la irrupción de nuevas formas de análisis —la ciencia de datos, la neurociencia y la inteligencia artificial— que disputan el espacio interpretativo de lo social, junto con los cuestionamientos de sectores conservadores hacia una supuesta agenda ideológica y una polarización creciente que tensiona la pregunta por quién está legitimado para describir la sociedad.
Cuatro hipótesis para pensar la crisis
Lejos de quedarse en el inventario de críticas, en la segunda parte Undurraga propuso cuatro hipótesis para interpretar el fenómeno. La primera, una crisis del lazo social, plantea que la crisis de la sociología sería en realidad un reflejo de la crisis del vínculo social: si la sociedad se fragmenta y “lo colectivo” pierde fuerza, también se debilita el lugar simbólico de la disciplina encargada de interpretarlo. La segunda, una crisis narrativa, sostiene que la sociología tendría dificultades para producir relatos capaces de dar sentido a la experiencia social, sobre todo en contextos individualizados, mediatizados y emocionalmente cargados.
A ellas se suma una crisis disciplinaria, según la cual la sociología habría perdido el monopolio interpretativo sobre lo social frente a otras ciencias sociales, enfoques profesionales y tecnologías de datos, lo que la obliga a delimitar y defender con mayor claridad su aporte específico. Finalmente, una crisis de público y popularidad apuntaría a una pérdida de atractivo de la disciplina, observable en indicadores como la asistencia a congresos, la matrícula, la empleabilidad, la circulación pública de sus ideas y la vitalidad de sus comunidades académicas.
Más que clausurar la discusión, el coloquio dejó abierta una invitación a la reflexión sobre el rol de la sociología en el Chile actual, reafirmando el compromiso de la Escuela de Sociología de la Universidad Finis Terrae con el pensamiento crítico y el diálogo con la sociedad.


