Con el foco puesto en expandir los límites de la disciplina y entender el espacio desde una dimensión sensible, se llevó a cabo el segundo encuentro de Archi + Visioni. Esta iniciativa, consolidada como un hito de vinculación académica, está pensada especialmente para acompañar a las y los estudiantes de último año de Arquitectura en su transición hacia el mundo profesional.
Compartir el camino: el valor de la historia profesional y el “error”
Este encuentro se abrió como un espacio honesto para reflexionar sobre la incertidumbre y el desarrollo posterior a la universidad. Para los fundadores de Aidel, desmitificar la figura del arquitecto y compartir estas trayectorias reales es fundamental en la etapa de egreso: “Creemos que hay pocas oportunidades de escuchar historias de los recorridos profesionales de forma transparente, y es crucial que los estudiantes tengan diferentes referencias sobre qué caminos son posibles como arquitectos hoy en día”.
Durante el diálogo, explicaron que su aproximación artística y experimental vinculada fuertemente al cuerpo, el paisaje y la experiencia sensorial no nació de la nada ni de una iluminación tardía. Por el contrario, revelaron que se trató de una “operación de limpieza y revelación” de inquietudes y sensibilidades que ya habitaban en ellos desde sus primeros años universitarios, muchas veces disfrazadas o camufladas dentro de las tareas y exigencias de los cursos tradicionales. Fue la práctica profesional independiente la que finalmente les permitió madurar y trabajar esos conceptos con mayor claridad y libertad.
El cuerpo y el paisaje como herramientas de diseño formal

Para Aidel, lo sensorial no es un accesorio decorativo, un concepto abstracto o un manifiesto poético; es una herramienta técnica, metodológica e intelectual tan relevante y rigurosa como el dibujo técnico, la estructura o las capacidades digitales.
Aunque su propia formación universitaria estuvo volcada hacia un enfoque marcadamente técnico y estructurado, hoy, en su rol como formadores en talleres universitarios y de actualización profesional, defienden activamente la incorporación de metodologías artísticas en las aulas para activar la presencia de quienes habitan la arquitectura. “El espacio no es algo estático que existe solo para ser mirado, fotografiado o para ser visitado como una pieza de museo; el espacio está hecho para vivir, para ser transitado y completado por las personas”, señalaron.
A través de la revisión de sus instalaciones efímeras e intervenciones urbanas, explicaron cómo su trabajo busca activar el espacio público, invitando al espectador a dejar de ser un observador pasivo y convertirse en un actor que experimenta el entorno a través del tacto, la escala y la memoria del cuerpo.
Desafíos para las nuevas generaciones: expandir la disciplina desde dentro
Al cierre de la jornada, se generó una ronda de preguntas donde los invitados reflexionaron junto a los alumnos sobre el complejo escenario actual para las nuevas generaciones que buscan abrirse paso en la interdisciplina.
Frente a la inquietud de cómo subsistir económicamente y ser validados por el mercado tradicional con este tipo de propuestas visuales, el dúo planteó que el verdadero reto actual no es abandonar la arquitectura para dedicarse al arte, sino quedarse firmemente dentro de ella para cuestionar sus límites y expandir hacia prácticas más abiertas y colaborativas.
En un contexto donde las comunidades, los barrios y las entidades colectivas demandan con urgencia discursos que humanicen las ciudades y conecten el espacio con el cuerpo y el entorno, jornadas como Archi + Visioni se consolidan como un puente esencial. Esta segunda fecha demostró a los futuros arquitectos y arquitectas de la Facultad que existen múltiples e innovadoras formas de habitar, activar y, fundamentalmente, ejercer la arquitectura formal sin perder la identidad ni la sensibilidad artística.
Las comunidades, los barrios y las entidades colectivas comprenden el error como una parte experimental de la sociedad, a raíz de lo que sentimos, cómo nos expresamos podemos ir formando lo que queremos ser y cómo queremos ser vistos, la vida. Es un ejercicio muy simple de como salir de la zona de confort y la igualdad de los ejercicios de la igualdad de los ejercicios de la profesión actual, demostrando que la arquitectura no debe ser homogénea, sino tan diversa como las comunidades que la habitan.
