Unesco distingue a María Angélica Sotomayor (CEC) como integrante del Comité Internacional de Bioética

La abogada, integrante del Comité Ético Científico de la Universidad Finis Terrae, es la segunda especialista chilena en recibir esta distinción y formará parte de un grupo de 36 expertos internacionales.

Publicado el 4 de noviembre, 2026 · 5 min lectura

Tras regresar de París, Francia, donde se reunió con especialistas de los cinco continentes para debatir los desafíos éticos de la ciencia, la abogada María Angélica Sotomayor Saavedra conversó sobre su reciente incorporación al Comité Internacional de Bioética de la Unesco. Su designación la convirtió en la segunda representante chilena en integrar este organismo, después del Dr. Fernando Lolas, en un período marcado por nuevas interrogantes sobre los límites de la investigación científica.

Magíster en Derecho de Seguridad Social por la Universidad de Chile e integrante del Comité Ético Científico de la Universidad Finis Terrae, Sotomayor ha dedicado gran parte de su carrera a la bioética. Su trayectoria comprende la docencia universitaria y la participación en comités especializados de instituciones académicas y centros públicos de salud.

Por ello, calificó su nombramiento como “un gran honor” y destacó la responsabilidad de “cumplir con las expectativas” que implica representar a Chile en este organismo internacional, tras recibir la designación oficial del director general de la Unesco, Khaled El-Enany.

La abogada asumió este reconocimiento con la convicción de que los avances científicos deben estar acompañados de principios éticos que orienten sus aplicaciones. Desde esa perspectiva, identificó entre los principales desafíos actuales la inteligencia artificial generativa y el envejecimiento de la población mundial, dos fenómenos que plantean nuevas responsabilidades para la investigación y la sociedad actual.

Los límites éticos de la ciencia

Creado en 1993, el Comité Internacional de Bioética de la Unesco reúne a 36 especialistas independientes encargados de formular recomendaciones sobre las ciencias de la vida. Su creación respondió a las inquietudes que despertó el estudio del genoma humano, que dio paso a declaraciones sobre genética y derechos humanos.

—¿Qué papel ha desempeñado este organismo frente a los avances científicos?

“En la década del 90 el problema fue que con la decodificación del genoma humano hubo un gran susto, había una gran inquietud en el mundo científico, hasta en los gobiernos. ¿Qué iba a pasar cuando se decodificara este trabajo? Entonces, la institución se dedicó a trabajar sobre el tema, porque hay que buscar principios éticos que rijan esta materia”.

—Frente a los avances tecnológicos actuales, ¿cuáles considera que son los desafíos éticos más urgentes?

“Yo diría que la inteligencia artificial generativa. La Unesco ha trabajado en esta materia, especialmente en sus aplicaciones en la educación y la investigación científica. La gente tiende a considerar que la inteligencia artificial es casi un ser humano, un sustituto de este. Por eso, es necesario reconocer sus límites y, especialmente, los principios éticos que deben orientar su utilización”.

El desafío ético de vivir más años 

Para Sotomayor, uno de los principales desafíos abordados por el comité durante su reciente encuentro en París fue el envejecimiento de la población y las posibilidades que ofrece la ciencia para prolongar la vida. La especialista advirtió que estos avances también plantearon interrogantes sobre las condiciones de vida de las personas mayores y la necesidad de adaptar las ciudades y los sistemas de cuidado a una población cada vez más longeva.

— ¿Qué dilemas éticos plantea el envejecimiento de la población?

“Hay unas tendencias en que se quiere hacer como que la persona nunca muera. Entonces, se envejece, pero se mejora. Y ahí hay un problema ético. La población envejecida tiene derecho a todos los medios para mejorar la etapa en que se encuentra, porque el envejecimiento no es lo mismo que la vejez. El envejecimiento es un proceso y la vejez es un estado”.

— ¿Cómo deberían prepararse las sociedades para enfrentar este fenómeno?

“Vienen toda una cantidad de problemas que son problemas de la ciencia, problemas políticos, sanitarios, del vivir cotidiano, de la estructuración de las ciudades. ¿Qué se hace con estas poblaciones envejecidas? ¿Se van a vivir en sectores aparte o los tienes integrados en la casa?”.

Las universidades también enfrentan el desafío de preparar a sus estudiantes para los cambios científicos y sociales. Desde su experiencia en comités de ética, la académica destacó la responsabilidad de las instituciones de educación superior en la formación de profesionales capaces de afrontar estas transformaciones.

—¿Qué papel deben cumplir las universidades en la formación ética de sus estudiantes?

“Yo creo que lo principal son los valores. Las sociedades reconocen valores y son estos los que deben orientar los distintos quehaceres. Por ejemplo, quienes se dedican a la investigación científica deben actuar conforme a determinados principios y no pueden apartarse de ellos”.

La abogada del Comité Ético Científico de la Universidad Finis Terrae también se refirió al acceso temprano de niños y adolescentes a los medios digitales. Según explicó, las nuevas formas de relacionarse y sus posibles efectos en el desarrollo personal plantean exigencias educativas muy distintas a las que enfrentaron generaciones anteriores.

Finalmente, al abordar la realidad chilena, identificó la salud mental como uno de los asuntos más urgentes, especialmente entre los estudiantes universitarios. “Salud mental. Es un tema urgente hoy en Chile. Yo creo que es un tema grande. Salud mental. Y ahí están nuestros universitarios”, concluyó Sotomayor, quien integrará el Comité Internacional de Bioética de la Unesco hasta 2029.