Rodrigo Inostroza, académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la U. Finis Terrae, publicó una carta al director en El Austral de la Araucanía en la que reflexiona sobre el impacto real que tienen las suspensiones de clases en los estudiantes más vulnerables y la necesidad de invertir en prevención antes de la emergencia.
El costo invisible de un día sin clases
En su carta, Inostroza advierte que para un estudiante en contexto vulnerable, un día sin clases puede significar perder aprendizaje acompañado, alimentación escolar y la presencia de un adulto que escucha y protege. Asimismo, pierde oportunidades de convivir con sus compañeros, alejándose de las pantallas. En consecuencia, si sus cuidadores deben trabajar, puede terminar solo o al cuidado de hermanos mayores.
El académico cita además advertencias de la Unesco sobre los efectos de las interrupciones escolares, señalando que la investigación demuestra que quienes más necesitan de la escuela suelen tener menos alternativas para aprender y recibir apoyo fuera de ella.
La urgencia de prevenir antes de la emergencia
Para Inostroza, ante una emergencia climática suspender puede ser indispensable, pero resulta difícil de justificar cuando la respuesta descansa en cerrar escuelas por falta de anticipación. Por ello, plantea que techumbres que resistan la lluvia, drenajes despejados y condiciones para enfrentar situaciones extremas requieren planificación, recursos oportunos y responsables que rindan cuentas.
“La urgencia debe estar en financiar y ejecutar la prevención antes de la emergencia. Cuando esa preparación falla, el costo vuelve a recaer sobre los estudiantes con menos oportunidades.”