La noción tradicional de que un excelente cirujano o un destacado científico básico están capacitados de forma automática para dictar una cátedra está bajo cuestionamiento. Así lo postula el Dr. Óscar Jerez Yáñez, director del Centro de Enseñanza y Aprendizaje de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y vicepresidente de la International Society for the Scholarship of Teaching and Learning (ISSOTL) para América Latina y el Caribe, quien será uno de los conferencistas clave del XII Congreso Internacional de Educación en Ciencias de la Salud (CIECS 2026), organizado por la Universidad Finis Terrae.
Bajo el marco del enfoque SoTL, el Dr. Jerez sostiene que es imperativo nivelar el conocimiento pedagógico en las facultades del país.
Cambiar este paradigma “implica transitar de una pedagogía del sentido común a una pedagogía profesional. La docencia basada en evidencia exige que tratemos nuestra enseñanza con el mismo rigor que nuestras investigaciones clínicas”, recalca el académico, instando a los cuerpos docentes a fundar sus decisiones en cómo el cerebro procesa la información y cómo se desarrollan las competencias en el alumnado.
El nacimiento del “médico aumentado”
El impacto de esta transformación se evidencia directamente en el perfil del egresado. De acuerdo con el investigador, la integración de la investigación formativa desde los niveles iniciales de las carreras de la salud altera sustancialmente la relación del estudiante con el saber médico.
“El cambio es radical: pasamos de formar ‘consumidores de información’ a formar ‘productores de conocimiento’ y, fundamentalmente, lo que yo llamo el médico aumentado”, detalla Jerez.
A través del desarrollo de una mentalidad de indagación (inquiry mindset), los futuros profesionales adquieren herramientas dinámicas para intervenir en sus entornos con pertinencia social.
En palabras del expositor, “cuando un estudiante se involucra en investigación tempranamente, deja de ver los libros como verdades absolutas y empieza a verlos como conversaciones en evolución. La investigación deja de ser un ‘trámite de laboratorio’ para convertirse en una herramienta de justicia social y mejora clínica”.
Vencer el “ego académico” en las universidades
Al ser consultado sobre las principales barreras culturales que retrasan la innovación pedagógica en el continente, el Dr. Jerez apunta con decisión a las estructuras de valor vigentes en la educación superior. “El mayor obstáculo es la jerarquía epistemológica. Históricamente, las universidades han valorado más la investigación disciplinar (la célula, el fármaco, la patología) que la investigación sobre el proceso educativo”, argumenta.
Para el especialista, el camino hacia la excelencia requiere visibilizar de manera formal el impacto de las prácticas de aula. “Para innovar, debemos vencer el ego académico que se resiste a ser evaluado en el aula. El desafío es institucionalizar el SoTL, de modo que investigar cómo aprenden nuestros estudiantes de la salud tenga el mismo peso en la carrera académica que publicar en una revista de alto impacto clínico”, concluye Jerez, anticipando uno de los debates más apremiantes que se tomarán la agenda del CIECS 2026 entre el 13 y el 15 de julio.