
En marzo de 2020, Chile iniciaba una cuarentena por la pandemia global del covid-19 y, en diciembre de ese año, llegó la vacuna para inmunizar a más de 14 millones de chilenos y chilenas, posicionándose entre los países con mejor gestión de distribución y recepción.
Fue en ese contexto que Paula Caffarena, doctora en Historia por la Pontificia Universidad Católica de Chile, directora del Doctorado Interdisciplinario en Humanidades de la Universidad Finis Terrae y profesora de la Escuela de Historia de la misma casa de estudios, se preguntó: ¿de dónde nace esa cultura de los chilenos de ser ordenados, hacer la fila, poner el brazo y exigir la vacuna sin hacer demasiadas preguntas?
En el ambiente se decía que Chile tiene una historia positiva en vacunación y cuando empezó a buscar con más detalle, se dio cuenta de que nadie había estudiado realmente si eso era cierto; no había una historia de la vacunación en el país escrita.
“Quise rescatar la memoria y darle contenido a esas ideas que circulaban. La Historia ofrece esa herramienta, a veces se dicen afirmaciones sin verificarlas, y nadie revisa con rigor”.
En ese contexto presentó su proyecto Fondecyt Regular “Sociedad, política y salud. Las campañas de vacunación entre 1918 y 1978”, que responde cómo el Estado chileno logró implementar las primeras campañas masivas contra la poliomielitis, la difteria, el sarampión, la tuberculosis y la tos convulsiva. Fue el primer gran ensayo que llevó a tener un programa de inmunización muy sólido que funciona hasta el día de hoy.
Según la investigadora, el Chile de esa época presentaba muchos problemas a nivel de higiene y desnutrición infantil antes que la urgencia de vacunar a la población. El país hasta la primera mitad del siglo XX era una población rural, con altos niveles de analfabetismo con condiciones sanitarias y habitacionales muy precarias; las zonas urbanas no tenían sistemas de alcantarillado eficaces. “Hay mucho reporte de acequias alrededor de las casas, donde la gente botaba animales muertos, que quedaban ahí en aguas estancadas, y después los niños se bañaban en esas aguas”.
Sin embargo, hubo un esfuerzo de las autoridades sanitarias por implementar un plan y difundir la importancia de la vacunación. No fue fácil por varias razones: desconocimiento de la población, problemas geográficos, compleja logística de transporte y escasez de personal sanitario. “Se documenta que para las campañas contra la viruela incluso hubo grupos de Boy Scouts ayudando en las postas”, señala.
“Se documenta que para las campañas contra la viruela incluso hubo grupos de Boy Scouts ayudando en las postas”.
Medidas de persuasión y coerción
La Dra. Caffarena destaca que nuestro país, a diferencia de Argentina, Brasil y México, alcanzó un mejor nivel de cobertura debido a la estructura sanitaria y al tipo de gobierno. En ese sentido, la gobernanza estuvo dada por la fundación del Servicio Nacional de Salud en el año 1952, que organizó la centralización y la distribución de las vacunas y, en términos sanitarios, marcó un antes y un después.
Para llegar al comportamiento actual no fue una historia lineal; hubo fracasos. Uno de ellos fue la vacuna contra el tifus exantemático, se murieron casi todos los que se vacunaron porque fue probada en otro contexto, no funcionó y la gente se enfermó igual. Y un logro importante fue que se logró controlar la viruela cinco años antes que en el resto del mundo, cuenta la académica.
Según Caffarena, el Estado logró que la gente fuera en masa a vacunarse a través del miedo y con medidas de persuasión y coerción. En el caso de la difteria, en 1961 se estableció el decreto de obligatoriedad: si la gente no se vacunaba, le cursaban multas. Esta medida no funcionó porque necesitaron un sistema de seguimiento para encontrar a quienes no se vacunaban, y no resultó.
Sin embargo, la persuasión tuvo más efecto ya que la población asoció la vacunación a la entrega de beneficios. El mensaje era: “Si tu hijo no está vacunado, no puede ingresar al sistema escolar y no le darán la leche en el consultorio”.
Uno de los protagonistas fue la prensa de la época, que difundía el calendario, los recintos de vacunación y cuándo y dónde se exhibiría la película que explicaba por qué era importante vacunarse: “Había una película de Walt Disney sobre la poliomielitis que contaba cómo era la enfermedad y que existía una vacuna que sanaba. Se la mostraban a los papás y, en la prensa, informaban el día, la hora y el liceo donde se proyectaba; después iban en familia a vacunarse”.
“Había una película de Walt Disney sobre la poliomielitis que contaba cómo era la enfermedad y que existía una vacuna que sanaba”.
En esta investigación, la revisión de prensa fue clave y exhaustiva, así como también los documentos de los archivos del Instituto de Salud Pública, del Ministerio de Salud, de la Dirección General de Sanidad, del Ministerio del Interior y del Ministerio de Relaciones Exteriores.
“Este último es importante porque las campañas fueron financiadas a partir de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Fundación Rockefeller, que aportó dosis de vacunas, y la UNICEF que puso camiones y recursos logísticos de distribución”, cuenta.
Doble clic
El equipo estuvo conformado por Paula Caffarena y dos coinvestigadores, Marcelo López, de la Pontificia Universidad Católica, y Maricela González, de la Universidad de las Américas, junto con los ayudantes de investigación y tesistas de la Universidad Finis Terrae.
Uno de ellos, Carlos García, realizó su tesis de licenciatura en Historia centrada en los afiches sanitarios producidos entre 1970 y 1973. Recopiló los afiches hechos en esa época, creados por artistas de reconocido prestigio, y analizó los temas sanitarios del periodo —vacunación, diarrea y el problema de la mosca—; su trabajo quedó vinculado a este proyecto.
Con el tiempo, la Dra. Caffarena ha descubierto que lo que más le atrae de su disciplina es su capacidad para mirar el conjunto y comprender los procesos de manera integral. Esto se vuelve especialmente importante cuando enfrenta análisis que parecen muy actuales, pero en los que percibe que falta algo en la información entregada.
“Para mí, la Historia es ese doble clic en la memoria, mirar el pasado para entender el presente y entenderlo desde horizontes más amplios. La memoria es un tema que me llama la atención y me parece, desde una perspectiva histórica, que ofrece una doble lectura, uno puede situarlo en un periodo extenso y, a la vez, entenderlo en su contexto”, finaliza.