El 30 de septiembre, en Benidorm, España, Martín Tillería, estudiante de Ingeniería en Información y Control de Gestión, se proclamó campeón del mundo de Taekwon-Do ITF en la categoría de 75 a 81 kilos. Lo logró en un torneo que reunió a cerca de 2.700 inscripciones y que, según explica, fue la copa del mundo más grande realizada hasta hoy.
Si bien el campeonato era un Open (que quiere decir que cualquier persona puede ir), Martín asegura que “uno igual se va ganando su cupo, se va ganando el respeto”. Luego de un excelente 2025, con un título nacional, uno regional y el campeonato panamericano, la Federación lo apoyó para que pudiera participar de este mundial. “Siento que la preparación de tantos meses realmente dio fruto”, afirma.
Una preparación pensada al detalle
Martín viajó a España con un compañero de equipo el 22 de septiembre y pasó la primera semana en Madrid. La estrategia, diseñada en conjunto con su entrenador, buscaba adaptarse a la diferencia horaria de cinco horas, al clima y al descanso. El calor, con temperaturas de entre 33 y 35 grados, fue una sorpresa, y el gimnasio de la competencia también resultó muy caluroso, comenta el campeón del mundo. El 27 viajó a Benidorm y el 28 cumplió el pesaje, luego de eso, tuvo un día completo de recuperación antes de competir el miércoles 30, cerca de las cinco y media de la tarde, en el último combate de la jornada.
En su primer combate derrotó a un representante de España por 4-0. En la semifinal enfrentó a un competidor de Ucrania, a quien ganó por nocaut técnico tras dos patadas a la cabeza. Con solo dos minutos de recuperación llegó a la final contra un rival de Bélgica, a quien venció por 3-1, con tres jueces a su favor. «Lo notaba cansado y yo me sentía muy bien, tuve menos tiempo de recuperación, pero me di cuenta que estaba mejor que él», recuerda agradeciendo la preparación cardiovascular que trabajó durante los meses previos al campeonato.
Un triunfo que se construyó en equipo
Martín destaca que detrás de su triunfo hay una red de apoyo. Menciona a su familia, a su entrenador y a quienes lo acompañaron durante meses en que entrenaba de lunes a domingo, además de estudiar y trabajar los fines de semana. También agradece a profesores y a la secretaría de su carrera, facilitaron temas de asistencia y reagendamiento de evaluaciones. «Yo soy el que ganó, pero hay un equipo gigante detrás mío», afirma.
Con la camiseta de la Universidad
Aunque la Universidad no cuenta con una selección de taekwondo, Martín ha sido su único inscrito en los campeonatos universitarios. Por eso quiso llevar su nombre al mundial. «Me han dado todas las facilidades para competir y para poder estudiar y practicar este deporte, lo mínimo que puedo hacer es llevar la camiseta de la Finis y decir que decir que estudio aquí», comenta.
Valora especialmente la beca deportiva que le permite cursar su carrera actual. «Tengo que justificar mi beca, tengo que aportar también. Esto funciona como algo mutuo: me ayudan con mis estudios y yo la represento en los diferentes campeonatos», explica.
El viaje fue además su primera vez en Europa, y lo valora más allá del resultado: compartió con competidores de muchos países, en un ambiente en el que, terminada la competencia, todos se sienten cercanos. «Fui como una persona y volví como otra completamente diferente», comenta.
Una invitación a la Universidad
Martín cierra con una invitación a la comunidad universitaria. Con gratitud, plantea que la Universidad podría dar un paso más en el apoyo al deporte. Tras cuatro años en la selección de vóleibol de la Universidad, sabe que los equipos suelen entrenar una vez por semana y competir contra instituciones que lo hacen dos o tres veces. Para él, fortalecer el deporte pasa por ofrecer más instancias de entrenamiento y pequeños apoyos, como colaciones, traslados o instancias de reunión entre los capitanes de las diferentes selecciones, además de reconocer a los equipos que logran buenos resultados.
«No digo que esté mal lo que hay; hay cosas muy buenas y a mí me han ayudado demasiado. Pero hay muchas cosas en las que podemos mejorar, y así creceremos todos juntos», señala. Su sueño es que algún día la Universidad cuente con una selección de taekwondo y con más disciplinas representadas. «Si yo crezco, quiero que la Finis crezca conmigo», concluye.
