La ballena gigante y el volcán: El viaje creativo de Catalina Bauer

La destacada artista visual Catalina Bauer, egresada de la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Finis Terrae, reflexiona sobre el proceso creativo y los significados de su última muestra, El volcán, la ballena y otros mundos, que se exhibe en el Centro Cultural Montecarmelo, en Providencia. “Es una exposición muy personal. Algunas personas incluso me han dicho que se parece a mi casa”, señala.

Publicado el 9 de abril, 2026 · 8 min lectura

El volcán, la ballena y otros mundos es la última exposición de la artista visual Catalina Bauer, que reúne una serie de objetos domésticos, como plantas y juegos de niños, los que se mezclan con obras hechas en el lugar, trabajos anteriores y objetos encontrados. Todos elementos que acompañan a una gran ballena que se despliega en el centro de la Sala Capilla del Centro Cultural Montecarmelo de Providencia.

Este enorme ser tiene en su interior una segunda dimensión: un escritorio con luz cálida y música, donde alguien puede estar creando o imaginando un universo propio y nuevo.

Ese interior se descubre a través de un pequeño orificio en uno de sus costados, donde se amplía una especie de escritorio con luz cálida y música que permite un sinfín de interpretaciones: ¿quién vive ahí?, ¿qué hace? y ¿cómo puede mantenerse vivo al interior de una ballena?

Como ella dice, esta vez se embarcó en un proceso en el que conectó con obras antiguas y con elementos nuevos que podían articular una especie de relato más onírico.

 “El espacio interior fue algo que surgió en el proceso, pero apareció como una idea que siempre estuvo presente y, cuando ocurren estas cosas, uno no duda”, señala.

La exposición tiene un aspecto de sala de museo o gabinete de curiosidades, idea que partió durante la pandemia, en 2020: “El ritmo más pausado, el compartir tanto tiempo con mi hija chica explorando el jardín, buscando bichitos, me re conectó con otras materias. Ahora está todo muy a la mano; uno puede aprender viendo documentales y cine. Eso me despertó la curiosidad y una especie de apetito. Pasaron casi seis años, así que en la exposición se cruzan muchas cosas que vi, leí o escuché…”. De hecho, la música que se escucha dentro de la ballena es de la película Armonías de Werckmeister, del director húngaro Béla Tarr —fallecido este año—, inspirada en una novela del Nobel de Literatura László Krasznahorkai.

Catalina estuvo durante todo el mes de febrero trabajando en la Sala Capilla del Centro Cultural Montecarmelo, en una especie de residencia que decantó en esta exposición para niños “de todas las edades”.

“Llegué a este lugar con varias ideas, pero con las cosas no tan resueltas. Aquí me di la oportunidad de hacer una exposición con mucha libertad, algo que a mí me llenara”, señala.

Y lo logró en diálogo con la curadora Soledad García y con la intervención de un grupo de personas que colaboraron en el montaje —sus hijas, su pareja y varias amigas que la visitaron y ayudaron durante el verano—. Todo fue sumándose en la creación de un lugar que se siente muy acogedor:

“Es una exposición muy personal, creo. Algunas personas me comentaron que es como mi casa. Me interesa esa idea de ofrecer un espacio cercano, que te invite a recorrerlo y observar los detalles; que otros puedan conectar o sentirse identificados con algo de lo que hay aquí; que les evoque algún recuerdo o despierte un interés”.

La gran ballena fue el resultado de un trabajo manual y laborioso, realizado con diversos materiales y muebles que encontró en las bodegas de Montecarmelo: un librero de aplomo, madera y tubos de PVC para el esqueleto; luego, malla de alambre, fibra aislante y gasa con yeso para darle dureza; y, finalmente, una pintura negro azulada.

—¿Y la longitud la decidió por el espacio o la tenía pensada de antes?

—Tenía la referencia de la ballena del Museo de Historia Natural, pero en este caso fue recuperando su cuerpo y peso. La idea era abrazar el lugar con este ser enorme, ocupando toda la nave central de la capilla, y creo que quedó bien aposada. La cola se nos subió a las escaleras; ese detalle le da movimiento, es un gesto más vivo en relación con el lugar.

La muestra suma un volcán, obra realizada en 2013 como resultado de una residencia en el sur de Chile, una imagen que también remite a la fuerza del mundo interior al representar una fumarola que se extiende hasta lo alto de la capilla.

Los planetas instalados en la parte más oscura de la sala dan movimiento en el vacío. Es una nueva versión, más amplia, de un trabajo realizado en 2018: un sistema de objetos que giran en torno a la Tierra, como bailando en una ronda.

“Ese móvil nace de la fascinación y la admiración que me producen el universo y la astronomía. Por algunos momentos, uno puede comprender lo ínfimo que somos en relación con todo lo que contiene el espacio, eternamente expandiéndose. Pero, al momento siguiente, volvemos a pensar el mundo, el tiempo y la vida desde nuestra propia experiencia y desde nosotros como centro de aquello. Reconozco esa dualidad: por un lado, la visión científica y, por otro, el pensamiento más experiencial o emocional de lo humano”.

Catalina Bauer nació el 15 de septiembre de 1976. Estudió Licenciatura en Artes Plásticas, con mención en Pintura, en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Finis Terrae y egresó en 1998. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una obra muy robusta en el circuito artístico nacional e internacional, que abarca desde el dibujo hasta la escultura, de pequeña y gran escala, y desde lo íntimo e individual hasta lo colectivo, a menudo vinculada a las técnicas textiles. Entre sus proyectos colectivos destaca La cuerda infinita, una suerte de “cadáver exquisito textil” que conectó a más de cien artistas mediante una línea eterna que entrelaza y enreda, y que aún permanece abierta.

Su contribución al desarrollo del arte ha sido en numerosas exposiciones colectivas e individuales, en Santiago y también en ciudades como Coyhaique, Concepción, Talca y Valparaíso. En el extranjero, ha expuesto en países como Argentina, Brasil y México, donde realizó una residencia el año 2007 gracias a un programa de intercambio con Chile, durante la cual presentó una muestra en el Museo de Antropología de Xalapa. Algunos años más tarde fue invitada a la Bienal de Arte Textil en esa misma ciudad. También ha participado en diversos proyectos de exhibición en países como Estados Unidos, Australia, España e Inglaterra, y en Rusia, cuando fue invitada a exponer en la IV Bienal de Arte Contemporáneo de Moscú, a fines de 2011.

Para ella, estos procesos han sido significativos, tanto a nivel personal como en su trabajo, que “en el caso del arte siempre están muy entretejidos”, y reconoce que han tenido su cuota de complejidad: “Son instancias de mucha exigencia. En varias ocasiones llevé conmigo a toda mi familia, entonces el movimiento es aún mayor, pero creo que han sido las experiencias más lindas también y las que han transformado mi trabajo, empujándome a explorar nuevas cosas”.

La trayectoria artística de Catalina Bauer ha sido distinguida con diversos reconocimientos, entre los que destaca la Beca AMA (2011), que le permitió realizar una residencia de arte en Gasworks, Londres, misma institución que al año siguiente la invitó a realizar una segunda residencia en el marco del Programa de Participación, nuevamente apoyada por Fundación AMA. A fines de 2014 y principios de 2015 realizó una residencia en Leipzig, Alemania, que contó con el financiamiento del Fondart. Y en 2017 obtuvo la Beca Arte CCU, que le permitió realizar una residencia en ISCP de Nueva York durante los primeros cuatro meses de 2018.

Como egresada de la Universidad Finis Terrae, señala que el grado de pertenencia con la institución se circunscribe a la colaboración docente y a la relación que ha mantenido con sus pares: “Hace ya bastante tiempo que salí de la escuela. Hice por diez años ayudantías y algunos talleres, pero después opté por crear un proyecto independiente con algunos amigos”, concluye. Su exposición El volcán, la ballena y otros mundos se puede visitar hasta el 11 de mayo en el Centro Cultural Montecarmelo, en Av. Bellavista 0594, Providencia.