“Vivimos en un mundo hiperconectado y, sin embargo, seguimos repitiendo los mismos prejuicios de siempre”. Así parte la reflexión de la profesora investigadora de la Facultad de Derecho, Betty Martínez-Cárdenas, “Nuestros prejuicios a velocidad digital: a propósito del Día Internacional de la Mujer”.
En su columna de opinión publicada en El Mostrador, la académica de la Universidad Finis Terrae abordó los desafíos que presentan para la sociedad las redes sociales y cómo estas dependen del actuar humano. “Hablamos de algoritmos sesgados y de violencia digital. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿Qué estamos llevando nosotros a esos sistemas?”.
Al respecto, la profesora Martínez-Cárdenas aseguró que “la tecnología no surge en el vacío. Aprende de nuestros datos, de nuestras interacciones y de nuestras jerarquías culturales”. Por esto, “si en la vida cotidiana penalizamos la firmeza femenina o asumimos dependencia donde hay autonomía, esos patrones no desaparecen al digitalizarse. Se amplifican”.
Bajo esta premisa, la académica planteó tres escenarios de la vida cotidiana, donde a una mujer se le trata de forma distinta o se asume que viene acompañada por el sólo hecho de “estar sola”. “Si hay un hombre cerca, debe ser su acompañante. No es mala intención. Es un reflejo aprendido”, puntualizó.
“No basta con exigir mejores algoritmos”
Ante estos estos escenarios, recalcó que “las leyes pueden declarar igualdad. (Pero) Las normas culturales avanzan más lento”. Así, “esos reflejos no desaparecen cuando cruzan la pantalla (…) La tecnología no crea el prejuicio. Lo multiplica”.
En su columna de opinión, la académica de la Facultad de Derecho planteó que “si queremos entornos digitales más justos, no basta con exigir mejores algoritmos. Necesitamos mejores hábitos”. Finalmente, “si no revisamos nuestras prácticas cotidianas, seguiremos escalando nuestras propias desigualdades a velocidad digital”.