Intervención artística El Gigante Vestido en el desierto de Atacama

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El Gigante Vestido

El Gigante Vestido

El 23 de enero se inauguró en el desierto de Atacama El Gigante Vestido, una intervención artística efímera que visibiliza la crisis del sobreconsumo y la fragilidad del patrimonio. Arte, arquitectura, conservación, sostenibilidad y colaboración comunitaria se articularon en esta iniciativa, que fue liderada por los arquitectos y académicos de la Facultad de Arquitectura y Diseño Victoria García y Andrés Echeverría.

Proyecto El Gigante Vestido: arte y sostenibilidad en el desierto de Atacama

Vestir el territorio para repensar el impacto del consumo y el valor del patrimonio

En el desierto de Atacama, uno de los ecosistemas más frágiles del planeta y territorio de emblemáticos geoglifos prehispánicos, los académicos de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Finis Terrae Victoria García y Andrés Echeverría lideraron el proyecto El Gigante Vestido, que aborda la tensión entre el modelo actual de producción y descarte con la necesidad de preservar el patrimonio cultural y ambiental.

Cada año, cerca de 60 mil toneladas de ropa ingresan a la Región de Tarapacá; dos tercios terminan en vertederos ilegales en Alto Hospicio, generando contaminación por microplásticos, quemas tóxicas y deterioro acelerado del suelo.

“Alto Hospicio vive una de las mayores crisis socioambientales de Chile. Enormes vertederos de ropa cubren el desierto y alteran su ciclo natural. Pero este mismo paisaje guarda un tesoro milenario: los geoglifos. Hoy existe el riesgo de que se borren nuestras huellas”, advierte Andrés Echeverría.

Vertederos ilegales de ropa en el desierto de Atacama y su impacto ambiental

Recreación simbólica

En este contexto, los académicos —que han trabajado con el apoyo de los municipios de Alto Hospicio y Huara y organizaciones comunitarias locales— se propusieron recrear a escala real la figura del famoso geoglifo Gigante de Tarapacá con mercancía textil bajo dominio del proyecto, empleada de manera temporal.

La reinterpretación del geoglifo con este material pone en diálogo un símbolo ancestral con una problemática contemporánea. La obra invita a reflexionar sobre el vínculo entre consumo, territorio y patrimonio, entendiendo el paisaje como un espacio vivo y significativo, desde una perspectiva cultural y ambiental.

“El 23 de enero, la figura del Gigante se recreará en el cerro Huantajaya. Allí, la memoria ancestral y la huella de nuestro consumo se mirarán frente a frente para recordarnos lo que recibimos y lo que estamos dejando”, explica Victoria García.

Proceso y montaje

Durante 2023 y 2024 se realizaron cinco jornadas de experimentación de técnica, material y emplazamiento, a partir de un workshop impartido en la Facultad de Arquitectura y Diseño, con la participación de 35 alumnos. Ellos tuvieron un rol central en la cocreación de El Gigante Vestido, aportando perspectivas y soluciones al proceso de diseño y ejecución. 

El montaje de la obra se realizó por etapas mediante un proceso colaborativo que involucró a voluntarios y partners, quienes participaron bajo la coordinación y supervisión del proyecto en la clasificación, armado y disposición del material.

Para dar vida a El Gigante Vestido — que mide 86 metros de largo— se utilizaron 5.500 poleras, equivalentes a aproximadamente 1 tonelada.

El 25 de enero se desmontará y la totalidad del material textil retornará al circuito de valorización industrial a través de Recitex, asegurando su correcta gestión y trazabilidad.

Registro del proceso experimental del proyecto El Gigante Vestido en terreno Ensayos técnicos y pruebas de material para El Gigante Vestido
Estudios planimétricos y sistema constructivo del proyecto El Gigante Vestido
Vertederos ilegales de ropa en el desierto de Atacama y su impacto ambiental

Una experiencia accesible

El Gigante Vestido no es simplemente una obra de arte; también opera como dispositivo de mediación pública, pues convierte una problemática técnica y ambiental en una experiencia accesible y simbólica para audiencias amplias.

La instalación —visible desde la Ruta A-16— transmite de forma tangible la fragilidad del patrimonio y la magnitud del problema del sobreconsumo.

La intervención es efímera, pero su propósito no lo es: dejar instalada una agenda de reflexión y acción colectiva sobre cómo habitar, cuidar y comprender el desierto en un momento crítico para su preservación.

Este proyecto ha sido financiado por el fondo “La cultura llega a la gente” de la Fundación Piñera Morel y acogido a la Ley de Donaciones Culturales.

Fundación Piñera Morel Ley de Donaciones Culturales