A propósito de la primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast, que situó la educación y la migración entre las prioridades del país, la decana (i) de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Finis Terrae, Dra. Natalia Salas, planteó en una columna publicada en Emol una pregunta de fondo: cómo estamos preparando a las nuevas generaciones para convivir en una sociedad cada vez más diversa.
La académica reconoce la legitimidad de las preocupaciones por la seguridad, el orden y el resguardo de las fronteras, pero invita a no perder de vista una transformación que ya ocurre en las salas de clases. Miles de niños y jóvenes de distintos países forman hoy parte de las comunidades educativas chilenas, y esa realidad, sostiene, no debería leerse únicamente como un desafío de gestión.
Diversidad cultural: ¿desafío u oportunidad?
Para la Dra. Salas, la diversidad cultural que caracteriza a muchas escuelas es también una oportunidad para enriquecer la experiencia educativa. En su columna recuerda que la misión de la educación trasciende la transmisión de conocimientos: su propósito más profundo es formar personas capaces de reconocer la dignidad propia y la de los demás, construir vínculos de confianza y contribuir al bien común.
Desde esa convicción, plantea que las escuelas están llamadas a promover el encuentro, el respeto y la construcción de comunidades donde cada estudiante pueda desarrollarse plenamente.
El rol estratégico de las escuelas en la convivencia
La autora subraya que las escuelas ocupan un lugar estratégico: son uno de los pocos espacios donde niños y jóvenes de distintas procedencias aprenden a compartir un proyecto común y a desarrollar competencias ciudadanas. Allí, dice, se forman las bases culturales de la sociedad que queremos construir.
Esto no implica desconocer las dificultades. La integración no ocurre espontáneamente: requiere liderazgo escolar, acompañamiento docente, compromiso de las familias y políticas públicas orientadas a la cohesión social. También exige que quienes llegan conozcan y respeten las normas, valores e instituciones que sustentan la convivencia democrática.
En tiempos de profundas transformaciones, concluye la decana (i), el desafío no consiste solo en aprender a convivir con la diversidad, sino en convertirla en una oportunidad para fortalecer aquello que nos une y proyectar un futuro compartido.