Desde el Programa Educación del Carácter y Virtudes de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales llega una serie de cuatro columnas que recorre la evolución del carácter desde la infancia hasta la era de la inteligencia artificial.
El Programa Educación del Carácter y Virtudes de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la U. Finis Terrae lanza Érase una vez una virtud, una nueva serie de columnas de Mariela Rubilar, directora del programa, que sigue la evolución del carácter a medida que crecemos. La serie tiene cuatro entregas y recorre la infancia, la adolescencia, la juventud y el papel de la educación en la formación del carácter. Su propósito es mostrar por qué las virtudes, la imaginación y un pensamiento crítico que conduzca a deliberar con prudencia son hoy más necesarios que nunca.
Primera entrega: la infancia y el poder de los relatos
La primera columna se centra en la infancia y en el poder formativo de los relatos. La autora parte de la propuesta de Kieran Egan, filósofo de la educación y precursor de la Educación Imaginativa, quien plantea que los niños comprenden el mundo a través de historias. Asimismo, esas historias no solo informan, sino que orientan los afectos. Por ello, para educadores y familias propone algo concreto: leer en voz alta, empezar por relatos antes que por definiciones y conversar sobre las historias.
La columna abre con una pregunta que invita a la reflexión: ¿por qué un niño que olvida dónde dejó los zapatos recuerda con precisión que el tercer chanchito construyó su casa de ladrillos? En consecuencia, la autora sostiene que:
“La virtud no entra por los oídos, entra por el corazón, y en la infancia la puerta del corazón tiene forma de relato.”
Las próximas entregas
La serie continuará con tres columnas más. La segunda abordará la adolescencia y la búsqueda de héroes. La tercera tratará la juventud y las decisiones que van dando forma a una vida. Finalmente, la cuarta reflexionará sobre cómo la educación puede formar un pensamiento crítico, unido a la humildad intelectual, que permita deliberar bien en tiempos de inteligencia artificial.
El sentido de la serie
Sobre el propósito que guía esta iniciativa, Mariela Rubilar señala:
“El carácter no se forma de una vez ni en un solo lugar. Se va tejiendo en cada etapa de la vida, con nuestras experiencias y vínculos, desde el cuento que escuchamos de niños hasta las decisiones que tomamos como adultos. Con esta serie queremos recordar que educar y formar no es solo entregar conocimiento y enseñar a pensar, sino que aprender a deliberar con prudencia y a elegir el bien.”
Un camino que comienza con un “érase una vez”
En definitiva, Érase una vez una virtud invita a familias y educadores a mirar la formación del carácter como un camino que comienza en la infancia y continúa toda la vida. Ese camino empieza, como todo buen relato, con un “érase una vez”.