En una columna publicada en Emol, la Decana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales reflexiona sobre los riesgos de reducir la pedagogía a un proceso automatizable y advierte sobre la marginalización de las humanidades y las ciencias sociales en las políticas científicas.
La Decana de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales, Natalia Salas Guzmán, publicó una columna de opinión en Emol en la que responde a las recientes declaraciones ministeriales que sugirieron la reconversión laboral de docentes e intelectuales frente al avance de la inteligencia artificial. Para la académica, estas declaraciones exponen una preocupante incomprensión de la complejidad del sistema escolar y de la profesión educativa.
El aula no es un algoritmo
En su columna, Salas Guzmán sostiene que reducir la pedagogía a una mera transmisión de datos automatizables ignora que el aprendizaje es un proceso profundamente social. Por ello, advierte que la capacidad para estructurar la empatía, la contención y el pensamiento crítico que un profesor despliega en el aula no puede reducirse a un sistema que sigue algoritmos.
Asimismo, la Decana señala que esta mirada instrumental coincide de manera preocupante con el diseño de convocatorias de financiamiento que restringen los apoyos para las ciencias sociales, humanidades y educación. En consecuencia, advierte que marginar estas disciplinas para priorizar únicamente el desarrollo técnico-industrial es un error estratégico, ya que las principales crisis de la sociedad no radican en la falta de códigos digitales, sino en las fracturas de convivencia, los problemas de salud mental y las brechas en la formación inicial docente.
Las humanidades como infraestructura analítica
La académica plantea que la calidad de un sistema educativo depende directamente del valor y la dignidad que se otorgue a sus profesores. Por ello, desatender la investigación educativa impide generar políticas públicas basadas en datos empíricos y profundizar en las dinámicas de los procesos de aprendizaje de cada persona.
En ese sentido, Salas Guzmán es enfática: las humanidades, la educación y las ciencias sociales no constituyen áreas suntuarias. Por el contrario, representan la infraestructura analítica indispensable para evaluar el impacto ético de la automatización. En consecuencia, cierra su columna con un llamado claro:
“Chile debe tomar conciencia de que sus desafíos complejos no se resolverán fragmentando el conocimiento. La innovación técnico-funcional debe integrarse armónicamente con la docencia, resguardando un desarrollo científico interdisciplinario, integral y centrado en el ser humano.”