El cáncer no solo representa un desafío sanitario. Los tiempos de diagnóstico, el acceso a estudios moleculares y biomarcadores, la disponibilidad de tratamientos innovadores y las diferencias territoriales pueden determinar trayectorias muy distintas para pacientes que enfrentan una misma enfermedad. Estas brechas fueron parte de los principales temas abordados por el Dr. Suraj Samtani, director del Instituto Universitario del Cáncer de la Universidad Finis Terrae, durante el Encuentro Nacional “Equidad y Cáncer: Agenda 2030”.
La instancia, organizada por el Observatorio del Cáncer, Pacto Cáncer y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), reunió a autoridades, organismos internacionales, representantes de empresas, academia, organizaciones de pacientes y sociedad civil para analizar el cáncer como un desafío que trasciende al sistema de salud y que también impacta el desarrollo social y económico del país.
A través de presentaciones y diálogos participativos, el encuentro buscó poner en común evidencia, experiencias y liderazgos para identificar prioridades y avanzar hacia una agenda colaborativa que permita reducir las brechas evitables frente al cáncer en Chile. En este contexto, el Dr. Samtani abordó las diferencias que persisten entre el sistema público y privado, poniendo especial énfasis en la oportunidad con que los pacientes acceden al diagnóstico y tratamiento.
El tiempo como parte del tratamiento
Uno de los principales puntos planteados por el director del Instituto Universitario del Cáncer fue la necesidad de reducir los tiempos que transcurren entre la sospecha de cáncer y el inicio efectivo del tratamiento.
“Una de las principales brechas en nuestro sistema de salud son los tiempos de diagnóstico en cáncer. Hoy un paciente puede tener una sospecha de cáncer y enfrentar tiempos muy distintos para realizar una biopsia, obtener una anatomía patológica, acceder a imágenes de etapificación, realizar estudios moleculares y finalmente iniciar tratamiento. Esto es especialmente relevante porque en cáncer el tiempo forma parte del tratamiento”, explicó.
A su juicio, uno de los problemas no necesariamente radica en la inexistencia de capacidades diagnósticas en el país, sino en que estas se encuentran fragmentadas, concentradas o no están disponibles oportunamente en el lugar donde se encuentra el paciente.

En este escenario, planteó como una medida prioritaria la implementación de un sistema efectivo de navegación oncológica, capaz de acompañar al paciente desde la sospecha hasta el diagnóstico y el inicio del tratamiento, identificando tempranamente los puntos en que se producen retrasos y articulando los distintos niveles de atención.
El especialista también destacó el potencial de una colaboración público-privada efectiva para aprovechar las capacidades disponibles en el país. “La colaboración público-privada no debe entenderse como reemplazar al sistema público, sino como utilizar de manera inteligente toda la capacidad sanitaria disponible en el país para resolver oportunamente las necesidades del paciente”, señaló.
A estas dificultades se suman las brechas en el acceso al diagnóstico molecular y a biomarcadores, herramientas que actualmente resultan fundamentales para definir tratamientos en distintos tipos de cáncer. “Hoy no basta con decir ‘este paciente tiene cáncer de pulmón’ o ‘cáncer de mama’. En muchos tumores necesitamos conocer las características moleculares para decidir correctamente entre quimioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas”, explicó.
Hacia una ruta oncológica nacional
El avance acelerado de la oncología también plantea un desafío en materia de acceso. La aparición de nuevas terapias dirigidas e inmunoterapias ha modificado el tratamiento de distintos tumores, pero la velocidad con que estos avances se incorporan al sistema no siempre es la misma para todos los pacientes.
“Existe una brecha importante entre la velocidad con que avanza la evidencia científica y la velocidad con que esas innovaciones se incorporan de manera sistemática al sistema público”, afirmó el Dr. Samtani.
En este contexto, el especialista planteó que una de las prioridades hacia 2030 debería ser establecer una ruta oncológica nacional que permita realizar un seguimiento del paciente desde la sospecha hasta el inicio del tratamiento, incorporando trazabilidad, interoperabilidad de fichas clínicas y datos oncológicos.
También propuso descentralizar capacidades diagnósticas, fortalecer una red nacional de comités oncológicos y moleculares y desarrollar mecanismos más rápidos y sustentables para incorporar innovación. A ello se suma la necesidad de establecer estándares nacionales de atención oncológica que permitan garantizar que los pacientes puedan acceder oportunamente a las prestaciones y especialistas que requieren, independiente de su lugar de residencia.
“Tenemos que pasar de medir solamente cuántas prestaciones entregamos a medir cuánto demora realmente el paciente desde la sospecha hasta el tratamiento”, sostuvo.
El desafío, agregó, también tiene una dimensión territorial. Las diferencias en el acceso a tecnologías como PET, radioterapia, secuenciación de nueva generación (NGS) o comités moleculares pueden generar trayectorias distintas para pacientes con una misma enfermedad.
“La meta para 2030 debiera ser: que el lugar donde viva un paciente y su previsión no determine sus posibilidades de sobrevivir a un cáncer”, enfatizó.
El rol de las universidades en la equidad oncológica
Para avanzar en esta dirección, el Dr. Samtani destacó el papel que pueden cumplir las universidades y los centros de salud, no solo en la formación de especialistas, sino también en la generación y distribución de conocimiento.
“Las universidades debemos asumir una responsabilidad que vaya más allá de formar oncólogos. Necesitamos formar equipos completos: oncólogos médicos, radioterapeutas, cirujanos oncólogos, patólogos, radiólogos, enfermería oncológica, cuidados paliativos, nutrición, kinesiología, psicooncología y profesionales capacitados en atención integral”, señaló.
En esa línea, planteó la necesidad de fortalecer las alianzas entre universidades y hospitales regionales para generar campos clínicos, rotaciones y programas de formación fuera de la Región Metropolitana, contribuyendo a enfrentar la concentración de especialistas.
Asimismo, destacó el potencial de los grandes centros para convertirse en nodos de una red que permita compartir protocolos, realizar teleconsultorías y desarrollar instancias de discusión de casos clínicos y moleculares.

Finalmente, subrayó la importancia de generar evidencia nacional para comprender las brechas existentes y orientar las decisiones. “Tenemos que medir nuestros tiempos de diagnóstico, nuestros resultados, las diferencias entre regiones y las barreras reales que enfrentan nuestros pacientes. Lo que no medimos, difícilmente lo podemos mejorar”, afirmó.
La participación del Dr. Samtani en el encuentro refuerza el compromiso del Instituto Universitario del Cáncer de la Universidad Finis Terrae con la discusión de los desafíos oncológicos del país, promoviendo una mirada que articule investigación, formación, políticas públicas y colaboración entre distintos actores para avanzar hacia una atención del cáncer más oportuna, integral y equitativa.