La historia comenzó de manera casual. Vicente Toledo y Yasmín Martínez, estudiantes de cuarto año de Ingeniería en Realidad Virtual y Diseño de Juegos Digitales de la Universidad Bernardo O’Higgins, se enteraron de la convocatoria por redes sociales. Decidieron participar sin mayores expectativas. En paralelo, Benjamín Arellano y Víctor Santana, quienes recién iniciaban su primer semestre en Ingeniería Civil en Inteligencia Artificial y Realidad Virtual en la Universidad Finis Terrae, también buscaban una primera experiencia práctica. Es así como ambas duplas dieron origen a un equipo que, en 48 horas, logró articular una idea común que fue del gusto del jurado.
“No podríamos estar más diferentes”, resumió Yasmín Martínez sobre la composición del grupo. Mientras algunos contaban con años de formación, otros recién comenzaban. Sin embargo, esa distancia se transformó en un activo. “Fue un desafío conocernos y aprender cómo trabajar juntos y ver qué hacía cada uno”, añadió.
La propuesta que desarrollaron —y que finalmente resultó ganadora— apostó por trasladar la lógica de los videojuegos a la formación de conductores. Inspirados en títulos de ritmo rápido, el equipo diseñó una experiencia de aprendizaje directa, basada en decisiones inmediatas, consecuencias visibles y simulaciones cercanas a la conducción real. “Quisimos hacer el aprendizaje de una manera rápida y muy directa, incorporando también las sensaciones que se viven al manejar”, explicó Vicente Toledo.
El proceso no estuvo exento de incertidumbre. La presión del tiempo y la necesidad de coordinarse rápidamente marcaron el desarrollo del proyecto. Aun así, los integrantes coinciden en que la clave fue la capacidad de adaptación. “El mérito es de todos, porque supimos ajustarnos unos a otros. Cada uno aportó ideas que finalmente se integraron en el resultado”, señaló Toledo. Víctor Santana reforzó esa idea: “Fuimos muy consistentes en nuestro trabajo, todos pusimos mucho empeño, y eso nos permitió generar una buena conexión”.
La hackathon se realizó el 11 y 12 de abril y reunió a doce equipos que desarrollaron prototipos de videojuegos y aplicaciones móviles orientados a la educación vial. Más de 60 estudiantes de distintas disciplinas participaron en la instancia, lo que aportó una mirada diversa a los proyectos presentados. Cada equipo defendió su propuesta mediante un pitch ante un jurado especializado.
Para los ganadores, el reconocimiento tuvo un valor adicional. “Pudo haber ganado cualquiera”, afirmó Toledo, quien destacó el nivel general de las iniciativas. “Todos tenían una idea y una visión clara, y eso es lo importante: que existan espacios donde las personas quieran hacer algo distinto”.
Tras la competencia, la propuesta del equipo servirá como base para el desarrollo de una plataforma que integrará inteligencia artificial y tecnologías inmersivas para actualizar la formación vial en Chile. El proyecto será implementado por la Escuela de Ingeniería Civil en Inteligencia Artificial y Realidad Virtual de la Universidad Finis Terrae en un plazo de siete meses, con la participación de los estudiantes como consultores.
Desde el Automóvil Club de Chile, María Ignacia González, directora ejecutiva de su fundación, valoró los resultados del encuentro y proyectó su continuidad. “El objetivo se logró de forma muy satisfactoria. Queremos seguir avanzando en este convenio, especialmente en el ámbito educacional, que es central para nosotros”, señaló.
En la misma línea, Patricia Arenas, directora de Innovación y Transferencia Tecnológica de la universidad, destacó la calidad de las propuestas: “Los participantes no solo expusieron ideas, sino proyectos bien resueltos en un tiempo acotado, capaces de transformar la complejidad del tránsito en experiencias concretas”.
Como parte del premio, el equipo ganador viajará a Buenos Aires para visitar la sede de la Federación Internacional del Automóvil, una experiencia que permitirá proyectar su iniciativa hacia escenarios internacionales.
En medio de la exigencia y la competencia, la historia de estos cuatro estudiantes dejó una conclusión compartida: incluso sin conocerse previamente, la colaboración y las ganas de crear pueden convertirse en el principal motor de la innovación.


