Pensar la ciudad, proyectar oportunidades: tres proyectos de título con nota máxima imaginan nuevos futuros para la vida urbana

La arquitectura suele asociarse a edificios, espacios o infraestructuras. Sin embargo, en su dimensión más profunda, es una disciplina que interpreta realidades, reconoce desigualdades y proyecta posibilidades para la vida […]

Publicado el 6 de agosto, 2026 · 9 min lectura

La arquitectura suele asociarse a edificios, espacios o infraestructuras. Sin embargo, en su dimensión más profunda, es una disciplina que interpreta realidades, reconoce desigualdades y proyecta posibilidades para la vida colectiva. Desde esa convicción, los estudiantes Matías Vargas, Millaray Orellana y Nicolás Aguirre desarrollaron sus proyectos de título en el Taller dirigido por los académicos Antonio Polidura y Carlos Salinas, obteniendo la máxima calificación y demostrando cómo el proyecto arquitectónico puede transformarse en una herramienta para pensar el futuro de la ciudad.

Los tres trabajos se sitúan en Bajos de Mena, territorio que durante décadas ha sido utilizado como símbolo de los desafíos urbanos de Santiago. La futura llegada de la Línea 9 del Metro aparece como una oportunidad para repensar el acceso a la educación, la movilidad, el deporte y los espacios de encuentro, entendiendo que la transformación de una ciudad no ocurre únicamente a través de grandes obras, sino también mediante la capacidad de reconocer las aspiraciones de quienes la habitan.

El enfoque del Taller de Titulación surge desde una comprensión de la arquitectura que va más allá de la resolución de un encargo específico. Bajo esta mirada, el proyecto se entiende como una herramienta de exploración e investigación donde cada estudiante construye una pregunta propia de arquitectura a partir de sus inquietudes, experiencias y relación con un lugar determinado. La ciudad no es vista como el escenario donde se emplaza una obra, sino como la materia misma sobre la cual se construye el proyecto.

Esta aproximación recoge la experiencia profesional y académica de Antonio Polidura y Carlos Salinas en el desarrollo de proyectos de arquitectura y ciudad, promoviendo una comprensión donde la obra construida es capaz de generar impactos que trascienden sus límites físicos e incorporan dimensiones urbanas, sociales y culturales. Desde esta perspectiva, el proyecto arquitectónico se transforma en una herramienta para comprender los territorios, reconocer sus oportunidades y proponer nuevas formas de relación entre las personas, los espacios y la ciudad.

En ese contexto, los proyectos desarrollados en Bajos de Mena adquieren un significado particular. Los tres estudiantes, desde el conocimiento directo de la realidad de Puente Alto, fueron capaces de reconocer en un territorio históricamente postergado una oportunidad de transformación asociada a la llegada del Metro. Sus propuestas reflejan cómo una experiencia personal del lugar puede transformarse, mediante la arquitectura, en una iniciativa con vocación pública y urbana.

Más que diseñar edificios, los estudiantes construyeron una mirada sobre el territorio. Una mirada que nace desde el conocimiento directo de la realidad de Bajos de Mena y que entiende la arquitectura como una herramienta capaz de conectar infraestructura, comunidad y oportunidades.

El deporte como espacio de encuentro y construcción de comunidad

El proyecto de Matías Vargas, Centro Deportivo Integral Sargento Menadier, surge desde una experiencia profundamente personal. Nacido y criado en Puente Alto, encontró en la arquitectura una forma de aportar al desarrollo de las futuras generaciones de su comuna, vinculando dos ámbitos que han marcado su vida: el diseño y el deporte.

La propuesta busca consolidar un equipamiento deportivo y recreativo que funcione como una nueva centralidad para el sector, ofreciendo espacios para la práctica deportiva, la recreación y el encuentro vecinal. Sin embargo, el objetivo trasciende la construcción de una infraestructura especializada. El proyecto entiende el deporte como una herramienta de integración social y formación comunitaria, capaz de fortalecer vínculos, generar sentido de pertenencia y abrir nuevas oportunidades para niños y jóvenes.

“Quise utilizar la arquitectura como una herramienta concreta para apoyar a las futuras generaciones de mi comunidad. Además, este proyecto me permitió unir mis dos grandes pasiones, la arquitectura y el deporte. Soy un fiel creyente de que el deporte salva vidas y transforma realidades”, explica.

La propuesta se desarrolla a partir de una lectura crítica del territorio y de la necesidad de generar espacios públicos de calidad en un sector históricamente afectado por la escasez de equipamientos y áreas de encuentro.

“La principal decisión de diseño fue que el proyecto no actuara como una barrera que encerrara el programa deportivo, sino como un espacio abierto, permeable y capaz de darle vida al lugar. Quería que pudiera transformarse en un motivo de orgullo para la comunidad”.

Para Matías, la arquitectura tiene el potencial de generar cambios que trascienden lo físico. Su proyecto busca demostrar que una infraestructura pública puede convertirse en un motor de transformación social cuando se diseña desde las necesidades reales de quienes habitan un territorio.

Una infraestructura que conecta personas, barrios y oportunidades

La propuesta de Millaray Orellana, Hub de Transporte Interbarrial de Bajos de Mena, nace de una reflexión sobre las desigualdades urbanas y la manera en que estas condicionan la vida cotidiana de las personas.

Durante años, los habitantes de Bajos de Mena han debido desplazarse hacia otras zonas de la ciudad para acceder a servicios, equipamientos y oportunidades. Frente a esa realidad, la estudiante entendió la llegada de la Línea 9 como una oportunidad para construir algo más que una estación de Metro: una nueva centralidad urbana capaz de acercar actividades, servicios y espacios de encuentro al propio territorio.

Su propuesta integra transporte, comercio, deporte, cultura y espacio público en una infraestructura híbrida que busca transformar un lugar de paso en un lugar de permanencia.

“La llegada de la Línea 9 no la entendí solo como una nueva estación de Metro, sino como una verdadera oportunidad para cambiar esa lógica. Me interesaba demostrar que una infraestructura pública también puede convertirse en un catalizador urbano y social”.

La iniciativa surge desde una comprensión profunda de las dinámicas cotidianas del sector y de la necesidad de fortalecer los espacios donde se construye identidad comunitaria.

“No buscaba que quienes llegan al Metro simplemente pasaran por el edificio, sino que tuvieran razones para quedarse. Porque cuando un barrio tiene espacios donde ocurren cosas, también comienza a construir identidad y sentido de pertenencia”.

Más que resolver un problema de movilidad, el proyecto propone una reflexión sobre cómo la infraestructura pública puede contribuir a disminuir brechas territoriales y ampliar las oportunidades disponibles para quienes habitan la periferia de la ciudad.

“Cuando acercamos oportunidades al lugar donde las personas viven, no solo reducimos tiempos de viaje; también fortalecemos el sentido de pertenencia, la vida comunitaria y la equidad territorial”.

Educación para construir nuevas posibilidades

El proyecto de Nicolás Aguirre propone un Centro de Formación Técnica para Bajos de Mena, entendiendo que la educación constituye una de las herramientas más poderosas para transformar realidades y ampliar horizontes.

La propuesta surge desde una experiencia personal. Haber crecido en el sector le permitió conocer de primera fuente la falta de espacios destinados al aprendizaje, la capacitación y el desarrollo de habilidades que permitan acceder a mejores oportunidades laborales.

“Soy de Bajos de Mena y crecí viendo la falta de espacios donde los jóvenes pudiéramos aprender o simplemente desarrollarnos. Con mis amigos siempre sentimos esa ausencia de infraestructura y oportunidades. Más que diseñar un edificio, quise aportar una oportunidad”.

El proyecto se plantea como una infraestructura abierta a la comunidad, donde la formación técnica, la capacitación y el encuentro ciudadano se articulan con el espacio público y con los procesos de transformación urbana que vivirá el sector en los próximos años.

Lejos de concebir la educación como un programa aislado, la propuesta la entiende como un elemento capaz de fortalecer la autonomía de las personas y contribuir al desarrollo del territorio.

“La idea siempre fue que el edificio formará parte del barrio y no fuera un elemento aislado. Quise diseñar un espacio que invitara a la comunidad a apropiarse de él y que respondiera a las necesidades reales del territorio”.

Para Nicolás, el principal aprendizaje del proceso fue comprender que la arquitectura comienza por las personas antes que por las formas.

“Entendí que un edificio no solo resuelve un programa, también puede convertirse en una oportunidad para una comunidad. Como arquitecto, me gustaría dedicarme a proyectos públicos con impacto social, donde las personas sean siempre el punto de partida de cada decisión”.

Arquitectura para imaginar futuros posibles

Aunque responden a programas distintos, los tres proyectos comparten una misma convicción: la arquitectura adquiere sentido cuando logra vincular una propuesta espacial con las aspiraciones, necesidades y desafíos de las personas.

En cada uno de ellos aparece una comprensión de la ciudad que trasciende la dimensión física de la obra. El deporte, la movilidad y la educación son entendidos como herramientas para fortalecer comunidades, ampliar oportunidades y construir una vida urbana más integrada.

La obtención de la máxima calificación refleja la calidad académica de las propuestas, pero también la profundidad de las preguntas que les dieron origen. Más que proyectos de egreso, estas iniciativas representan una reflexión sobre el papel que puede desempeñar la arquitectura frente a los desafíos contemporáneos de la ciudad.

Estos proyectos evidencian que la arquitectura puede surgir desde la escucha y el conocimiento profundo de un territorio. A partir de sus propias experiencias y de una investigación situada, los estudiantes transformaron las preguntas sobre movilidad, educación y deporte en propuestas capaces de dialogar con los desafíos urbanos de Bajos de Mena. El resultado no son solo tres proyectos de título destacados, sino tres formas de pensar cómo la arquitectura puede aportar a los lugares donde la ciudad aún tiene oportunidades por construir.