Libro “Las puertas del mundo”

Germán Tapia

Ciencia en movimiento

El kinesiólogo lleva una década realizando investigaciones científicas para contribuir, desde el laboratorio, a mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades musculares genéticas.

Germán Tapia Curimil, Kinesiólogo Clínica Santa María

Ingresó a estudiar Kinesiología en la Universidad Finis Terrae en 2013. En la misma casa de estudios cursó el magíster en Ciencias de la Salud y el Deporte. Y desde 2021 es parte del doctorado en Ciencias del Ejercicio, primer programa doctoral que imparte esta casa de estudios en cotutela con la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Ha sido kinesiólogo en la Clínica Santa María y ha publicado artículos en revistas especializadas. Actualmente prepara el estudio científico "Miopatías Miofibrilares, Ejercicio y Suplementación" como investigación doctoral.

Desde niño, a Germán Tapia le gustaron los deportes, especialmente el fútbol. Incluso fue parte de la división de inferiores del célebre club Santiago Morning. Por eso, su decisión de estudiar Kinesiología parece lógica: no son pocos los deportistas que decantan por esta profesión, basados en la experiencia clínica propia o de su entorno.

Pero el caso de Germán Tapia es distinto: a 10 años de haber ingresado a la Facultad de Medicina de la Universidad Finis Terrae, el kinesiólogo ha optado por desarrollar una carrera en investigación en esta misma casa de estudios. Luego de realizar el magíster en Ciencias de la Salud y el Deporte, acreditado por siete años por la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), hoy trabaja en el Centro de Fisiología del Ejercicio y Metabolismo -anterior Laboratorio de Ciencias del Ejercicio y Metabolismo (LABFEM)- y cursa el doctorado en Ciencias del Ejercicio, creado en 2021. Se trata del primer programa doctoral de la Universidad Finis Terrae, que imparte en cotutela con la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) que en 2023 obtuvo la máxima acreditación para programas doctorales de reciente creación por parte de la CNA.

“Siempre quise estudiar una carrera ligada a la actividad física y al ejercicio”, cuenta desde el centro de investigación que dirige el doctor Hermann Zbinden, su “mentor”, como definirá después. “Entré por una línea, que era el ejercicio, pero en la Universidad empecé a involucrarme más en investigación científica”, declara. “Me estoy enfocando en enfermedades musculares de características genéticas. Para ser más específico, estoy investigando miopatías miofibrilares de carácter genético”, explica sobre su investigación doctoral.

Exacto. Y son patologías que hoy carecen de un tratamiento específico. Hay muchas incógnitas en torno a esta patología y es donde estoy desarrollando mi investigación.

Hoy está en plena etapa de reclutamiento de pacientes con el diagnóstico de miopatías miofibrilares y/o de agregado proteico. Quienes padecen esta enfermedad sufren deterioro muscular progresivo y lo que investiga Tapia es el efecto terapéutico que tienen el ejercicio y suplementos con componentes naturales. “Desarrollamos ciencia con el fin último de que podamos repercutir positivamente en la calidad de vida de los pacientes”, dice desde el laboratorio que ha marcado su vida académica.

CIENCIA PARA SANAR

En las canchas de la sede San Bernardo de las escuelas oficiales de las divisiones inferiores del Club de Fútbol Santiago Morning, Germán Tapia tenía obvio contacto con el trabajo de kinesiólogos; pero no es en esa etapa de su niñez y adolescencia donde fija el origen de su vocación. “No fue el gatillante”, aclara.

“Siempre quise estudiar una carrera ligada a la actividad física y el ejercicio”, explica. Eligió la Finis Terrae atraído por la solidez científica y el enfoque en el ejercicio que vio en la malla curricular. Kinesiología se imparte desde hace 20 años en esta casa de estudios y se ubica en el 4° lugar de las mejores carreras de Kinesiología de Chile, según el ranking de América Economía.

“En segundo año tuve un ramo que se llamaba Fisiología del Ejercicio y cuando entré a esa clase, como que me visualicé y dije: ‘esto quiero hacer el resto de mi vida, a esto me quiero dedicar’”, cuenta sobre el impacto que le causó el descubrir una ciencia que específicamente se ocupa de estudiar el comportamiento y respuesta del organismo ante la práctica del deporte.

Para conseguir su objetivo de vida, Tapia debía enfocar su carrera hacia el laboratorio y su meta más próxima era ingresar al LABFEM de la Universidad Finis Terrae, que desde 2011 realiza investigación científica y aplicación clínica en salud y enfermedad.

Cuando recién cursaba el tercer año de pregrado pidió una oportunidad: “Toqué la puerta del laboratorio y dije: ‘quiero aprender de ciencia’”. Al otro lado de la puerta estaba el doctor Zbinden, docente, director del Labfem y hoy director de postgrado de la Escuela de Kinesiología y tutor de su doctorado. “Con él tuve mi primer acercamiento a la ciencia. Me recibió siendo alumno de pregrado y me hizo partícipe del laboratorio”, recuerda.

La Escuela de Kinesiología de la Finis Terrae ingresó al Ranking Shanghai de Ciencias del Ejercicio en 2021, convirtiéndose en una de las tres universidades chilenas distinguidas en el área entre las 300 mejores universidades del mundo en dicha categoría.

Ese definitivamente iba a ser el foco en la carrera de Tapia: en cuarto año ganó un Fondo de Desarrollo Institucional del Mineduc para estudiar los efectos del estrés académico, que pronto será publicado en una revista científica. Luego vinieron otras de sus investigaciones tras hacer el pregrado, el magíster y ahora, en su tercer año del doctorado.

En la etapa juvenil siempre jugué fútbol, hice inferiores y siempre me gustó el área del ejercicio. Y esa fue una de las razones por las que quería dedicarme a esto. Ahora, me sigue gustando el ejercicio, pero lo busco como una herramienta terapéutica para responder a enfermedades que hoy no tienen una orientación clara en sus tratamientos.

Me di cuenta de que la Finis entrega herramientas para la práctica clínica y para desarrollarse como profesional en la ciencia. Uno se da cuenta de que el proyecto que se ha hecho acá es muy robusto. Eso me ha impulsado a seguir creciendo como profesional y como persona.

Yo creo en lo que dice el lema de la Finis Terrae: “Vince in bono malum”, que significa que hay que “Vencer el mal con el bien”. Efectivamente, desarrollándonos como muy buena persona, con los principios y valores centrados, yo siento que mejoramos como sociedad. He pasado casi un tercio de mi vida en la universidad, casi diez años, me siento parte de ella y trato de ser un fiel reflejo de lo que representan sus valores.

A mí me tocó en el Hospital Sótero del Río, en la UCI pediátrica. Estuve también en la UCI adulto del Hospital de Urgencias Asistencia Pública, en la ex Posta Central. En el área de neurohospitalizados, estuve en el Hospital del Carmen de Maipú y en un centro de rehabilitación de adulto mayor en Las Condes.

Puede ser duro estar en una UCI pediátricaEn lo personal fue una experiencia súper fuerte, porque fue el primer acercamiento que tuve con la muerte en niños. Fue algo que me impactó. Pero nos preparan para vivenciar esa experiencia clínica, y en la formación tenemos desarrollo del área de kinesiología respiratoria infantil. Los lineamientos de la escuela ayudan a que los estudiantes puedan tener las herramientas cuando se van a desarrollar en el área clínica.

No. Estuve dedicado al desarrollo de la investigación. Participé en un estudio COVID, en plena cuarentena, que tenía por objetivo ver la respuesta que tenían los pacientes respecto al patrón de severidad de la enfermedad y ver qué efecto podía tener la actividad física.

Mi desarrollo profesional y académico no tiene el objetivo de tener un diploma colgado. El objetivo es ser un aporte a la sociedad. A partir de mi desarrollo académico, profesional, intelectual, poder ayudar, en este caso, a resolver incógnitas o dar directrices de tratamiento en personas que tienen enfermedades. Y en mi caso, con mi desarrollo doctoral, es esta miopatía miofibrilar de características genéticas. Esa es la huella que quiero dejar en el futuro.

Mis papás para mí son el fiel reflejo de lo que yo quiero ser en la vida. Mi papá trabajó en la construcción y mi mamá es dueña de casa. Mi papá falleció en la pandemia, pero hay algo que yo me llevo de él, en particular. Siempre me enseñó, desde chico, que uno tenía que hacer y uno tenía que esforzarse por lo que le gustaba. Ese fue uno de sus legados y lo sigo haciendo. Si algo me gusta, lo hago. Y si no sale, bueno, se sigue intentando hasta que salga.