Magdalena Iturriaga es la primera mujer chilena en lograr esta habilitación profesional en Italia sin contar con un título universitario europeo. Llegó al país hace casi tres años, aprendió un idioma nuevo, se adaptó a otra cultura laboral y hoy dirige obras en distintos países de Europa. Junto a la Universidad impulsa ARCHI + VISIONI, un ciclo de encuentros entre Chile e Italia.
Llegó a Italia un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. “Recuerdo esa fecha con especial cariño, porque representó el comienzo de una etapa de grandes desafíos y transformaciones”, cuenta Magdalena Iturriaga, egresada de Arquitectura de la Universidad Finis Terrae. Casi tres años después, esa etapa tiene un hito: su inscripción en el Ordine degli Architetti, Pianificatori, Paesaggisti e Conservatori de Venecia, que la convierte en la primera mujer chilena en conseguirlo bajo estas condiciones.
Un camino que partió de cero
Instalarse en otro país implicó mucho más que cambiar de ciudad. Magdalena tuvo que aprender un nuevo idioma, comprender una cultura laboral distinta, adaptarse a otras normativas y, como ella misma lo describe, “volver a demostrar mis capacidades profesionales en un contexto completamente nuevo”. “Cuando llegué a Italia, muchas cosas parecían lejanas y difíciles de alcanzar. Había barreras idiomáticas, culturales, administrativas y profesionales que debía aprender a superar”, recuerda.
Qué significa la inscripción y cómo se consigue
En Italia, ejercer plenamente como arquitecto no depende solo de tener un título universitario. El Ordine es el organismo encargado de velar por el correcto ejercicio de la profesión, y la inscripción en su Albo permite trabajar legalmente como arquitecta habilitada, asumir responsabilidades profesionales y firmar proyectos dentro de las competencias que establece la normativa italiana.
Como su formación se realizó íntegramente en Chile, fuera del sistema educativo europeo, debió realizar un procedimiento de reconocimiento de sus cualificaciones profesionales extranjeras ante las autoridades italianas, acreditar su formación académica y profesional, y superar las instancias de evaluación exigidas para obtener la habilitación. “Fue un proceso que requirió mucha perseverancia, preparación y paciencia, tanto por las exigencias técnicas como por los procedimientos administrativos”, explica. También significó aprender a desenvolverse dentro de un sistema profesional diferente, con sus propias normas y responsabilidades.
Del diseño a la obra
Hoy Magdalena trabaja en una oficina de arquitectura en Italia, donde se desempeña en Project Management. Está a cargo de la dirección y coordinación de las obras que desarrolla la oficina, tanto en Italia como en otros países europeos. Su labor abarca la planificación, gestión y supervisión de proyectos, coordinando a los distintos profesionales, empresas constructoras y especialidades involucradas. Ha participado en proyectos de arquitectura comercial en varias ciudades italianas y en Malta, enfrentando contextos normativos, técnicos y culturales diversos.
Esa experiencia le ha permitido entender la arquitectura “no solamente desde el diseño, sino también desde su materialización, la gestión de equipos y la capacidad de transformar una idea en una obra construida”.
“Puedo ser la primera, pero no seré la última”
Para Magdalena, el logro tiene un significado que trasciende lo personal. “Me gustaría que este logro sirviera para demostrar que nuestra formación, nuestras capacidades y nuestras perspectivas como arquitectas latinoamericanas tienen un valor que puede trascender fronteras”, afirma.
Y lo vive como un reconocimiento compartido, con su familia, sus profesores, sus compañeras y las mujeres que abrieron caminos antes que ella: “Detrás de los logros siempre hay muchas personas que nos acompañaron, nos enseñaron y creyeron en nosotras, incluso en los momentos en que nosotras mismas dudábamos”.
En lo profesional, la inscripción le permite consolidar su ejercicio en Italia, asumir nuevas responsabilidades y proyectar su carrera con mayor autonomía. Aun así, no lo considera un punto de llegada: “Más que verlo como una meta alcanzada, prefiero pensar que es el comienzo de una nueva etapa”.
La huella Finis Terrae
De su paso por la Universidad destaca la capacidad de observar, cuestionar y desarrollar una mirada crítica sobre la arquitectura. Valora también el viaje de estudios de la carrera, una experiencia que amplió su perspectiva y despertó su interés por explorar el mundo, al ver cómo la arquitectura responde a distintos contextos culturales, históricos y sociales.
“La formación universitaria no consiste únicamente en aprender a diseñar edificios, sino también en desarrollar una manera de pensar, interpretar problemas y encontrar soluciones”, sostiene. Esa capacidad de adaptación ha sido clave para trabajar con normativas distintas y colaborar con profesionales de diversas nacionalidades. Además, afirma que estudiar en Chile le entregó una mirada particular sobre el territorio, el paisaje y las relaciones humanas, que hoy forma parte de su identidad profesional.
ARCHI + VISIONI: puentes entre Chile e Italia
Junto a su colega Macarena Urzúa, Magdalena es cofundadora de ARCHI + VISIONI, un ciclo de encuentros internacionales desarrollado en colaboración con nuestra universidad. La iniciativa busca generar espacios de reflexión e intercambio entre arquitectos y profesionales de ambos países, acercar la arquitectura contemporánea a las nuevas generaciones y fortalecer los vínculos académicos y profesionales entre Chile e Italia.
El proyecto nace de una convicción personal: “Viajar, conocer otras culturas y compartir experiencias profesionales nos permite ampliar nuestra manera de comprender la arquitectura y descubrir oportunidades que antes quizás no imaginábamos”. Su idea es seguir creando espacios de intercambio entre universidades, arquitectos y profesionales de distintos países. “El conocimiento adquiere todavía más valor cuando se comparte”, afirma.
Próximos desafíos
Entre sus metas está continuar desarrollándose en el ámbito internacional, asumir proyectos de mayor complejidad y, con el tiempo, dar forma a algo propio: un espacio desde el cual colaborar con otros profesionales y aportar una mirada personal a la arquitectura. ¿Y un sueño más grande? “Quién sabe… ¿por qué no soñar con exponer en la Bienal de Arquitectura de Venecia?”, dice entre risas. “Al final, soñar no cuesta nada, pero dejar de hacerlo puede costarnos mucho”.
A los estudiantes que hoy comienzan su camino les deja un mensaje: que no tengan miedo de salir de lo conocido, de explorar otras realidades y de construir su propia trayectoria. “A veces los caminos más importantes son precisamente aquellos que todavía no existen y que debemos atrevernos a abrir”.
