
¿Qué ocurre cuando una mujer trabaja en un oficio considerado masculino o un hombre ingresa a uno históricamente feminizado? Esa pregunta atraviesa los estudios desarrollados en el marco del proyecto Anillo ANID “Descentrando desigualdades de género y territorios”, que tiene entre sus investigadoras principales a Rosario Undurraga, doctora en Sociología por la Universidad de Warwick (Inglaterra) y profesora titular de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Finis Terrae. Su análisis se acerca a ocupaciones poco visibles para examinar cómo se viven las expectativas de género en el trabajo.
Uno de esos estudios se centró en hombres que realizan trabajo doméstico remunerado, una ocupación ejercida en su mayoría por mujeres y con escaso reconocimiento. Rosario Undurraga, junto con Alessandra Olivi, doctora en Antropología Social por la Universidad de Sevilla, y Camila Campos, socióloga por la Universidad de Valparaíso, analizaron cómo estos trabajadores construyen su masculinidad en ese espacio laboral. Observaron que los participantes, en vez de considerar el oficio una amenaza a su identidad o una posición subordinada, tendían a darle otro significado mediante discursos asociados a la especialización, la eficiencia y la flexibilidad.
En la pesca artesanal, otra expresión de trabajos atípicos según género, la división de tareas adopta otra forma. “La pesca es un rubro masculinizado y machista, donde persisten divisiones territoriales de género entre el mar y la tierra. Limpiar y filetear los pescados es fundamental para que puedan comercializarse, pero es un trabajo poco valorado. Las mujeres en este oficio enfrentan condiciones laborales, climáticas y gremiales complejas”, explica la investigadora.
“La pesca es un rubro masculinizado y machista, donde persisten divisiones territoriales de género entre el mar y la tierra (…) Las mujeres en este oficio enfrentan condiciones laborales, climáticas y gremiales complejas”.
Rosario Undurraga y Camilo Basualto, analista del Observatorio de Empleabilidad de la Universidad Finis Terrae, identificaron en las experiencias de las fileteadoras tres dimensiones de precariedad: condiciones laborales adversas, responsabilidad casi exclusiva por las tareas domésticas y de cuidado, y escasa visibilidad y participación en la gobernanza pesquera.
Más allá de Santiago
El nombre del Anillo, “Descentrando”, resume parte de su propósito. “Es un proyecto que busca investigar desde las regiones y contribuir a descentralizar el análisis de las desigualdades de género y territoriales”, dice la académica.
“Fue novedoso hacer trabajo de campo en caletas pesqueras, sobre oficios poco visibilizados y fuera de Santiago. Además, fue interesante trabajar con un equipo interdisciplinario de distintas universidades de Santiago y Valparaíso. La interdisciplina permite aproximarse a problemas complejos desde distintas perspectivas”, añade.
“Fue interesante trabajar con un equipo interdisciplinario de distintas universidades de Santiago y Valparaíso. La interdisciplina permite aproximarse a problemas complejos desde distintas perspectivas”.
Ese trabajo no quedó solo en publicaciones académicas. “Los resultados del proyecto se han publicado en varios artículos en revistas académicas, pero también quisimos ampliar los públicos y compartir el conocimiento producido con las propias comunidades”, señala la académica.
De ahí surgió la exposición fotográfica Retratos descentrados, presentada en la Universidad Finis Terrae, la Universidad de Valparaíso, la Universidad de La Frontera y en las comunidades de El Tabo y Las Cruces. La muestra reúne fotografías y testimonios de algueras, buzas, fileteadoras, trabajadoras portuarias y trabajadores domésticos varones. En sus distintas trayectorias aparece una experiencia común: desempeñarse en ocupaciones que desafían lo esperado para su género.
“La exposición es otra forma de investigar, comunicar y devolver el conocimiento a la comunidad. Nos interesaba mostrar que mujeres y hombres pueden desempeñarse en distintos trabajos, pero también hacer visibles las barreras que enfrentan quienes realizan un trabajo distinto de lo que tradicionalmente se espera de su género, cómo logran sortearlas y las satisfacciones que encuentran en sus trabajos”.
“Es muy significativo observar cómo estas personas han logrado sortear distintas barreras, construir una trayectoria laboral y alcanzar mayores grados de autonomía económica. En muchos casos, el trabajo tiene sentido para alcanzar el bienestar y el sustento de sus familias”.
El proyecto también dio lugar a nuevas redes de investigación y al libro Descentrar el género: desigualdades y territorios en Chile, que reúne estudios desarrollados en territorio insular, costero y central del país.
“Es muy significativo observar cómo estas personas han logrado sortear distintas barreras, construir una trayectoria laboral y alcanzar mayores grados de autonomía económica. En muchos casos, el trabajo tiene sentido para alcanzar el bienestar y el sustento de sus familias”.
Una nueva pregunta sobre el trabajo
Undurraga continuará esta línea de investigación en un proyecto Fondecyt Regular centrado en el lugar que ocupa el trabajo en la vida y el bienestar de personas de distintas generaciones.
“Nos interesa comprender el significado que se le atribuye al trabajo para distintas generaciones en Chile y cómo se articula con otras dimensiones de la vida, como el tiempo, los cuidados, la familia y el bienestar. En el fondo, preguntarnos qué lugar queremos que tenga el trabajo en nuestras vidas”, concluye.