“Hay lugares que se dejan fotografiar con facilidad. Chiloé no es uno de ellos”, afirma el historiador chilote Nelson Bahamonde Barría. Y, sin embargo, pocos territorios del país han sido tan retratados. Iglesias, palafitos, tejuelas, lanchas, mercados y bosques forman una imagen reconocible del archipiélago, que ha viajado mucho más allá de sus islas. Pero ¿cómo expresar las sensaciones y vivencias que surgen al habitar ese entorno? Es la pregunta que atraviesa el trabajo de María Paz Lira Eyzaguirre.
Profesora de pintura, artista textil y académica de la Universidad Finis Terrae, cuenta con un postítulo en Restauración de Patrimonio Cultural Mueble y un magíster en Historia del Arte. Su relación con Chiloé comenzó en 1986 y, desde 2011, tiene casa a tres kilómetros y medio de Chacao, donde la micro pasa tres veces al día. Esa experiencia cotidiana nutre su búsqueda artística.
De la suma de ambas miradas, como artista y como vecina, nace “Patrimonio en Movimiento. Miradas Creativas sobre Chiloé”, un proyecto de investigación-creación que propone volver a mirar el patrimonio cultural y natural de la isla con las herramientas de la fotografía experimental. La iniciativa entiende ese legado como un entramado dinámico de territorio, comunidad y memoria, y busca explorar lo que el registro documental no siempre alcanza a expresar: las atmósferas, percepciones y transformaciones que forman parte de la experiencia de estar allí.
El resultado reúne un libro, una exposición itinerante y talleres de mediación sobre fotografía creativa, desde el collage hasta las fotos con celular, fruto del trabajo conjunto de las facultades de Educación y Ciencias Sociales; Artes; y Arquitectura, Diseño y Estudios Creativos de la Universidad Finis Terrae.
Un patrimonio que se sigue construyendo
Para Lira, el patrimonio no es algo cerrado. “Los elementos que siempre han sido patrimoniales no dejan de serlo, pero surgen otros que pasan a serlo también. El patrimonio se va construyendo a lo largo del tiempo”, explica.
El riesgo, dice, está en pensarlo solo como algo que hay que guardar.
“Se pierde la capacidad de disfrutar de aquello que queremos conservar, porque lo vemos como una momia en una vitrina, en lugar de verlo como un parque que se puede recorrer”.
La salida, para ella, está en apropiarse de él. Una pintura, una fotografía, un relato o un poema inspirados en un elemento patrimonial le dan vida y lo hacen más vigente, porque lo incorporan a la experiencia cotidiana y le otorgan nuevos significados.
“Los elementos que siempre han sido patrimoniales no dejan de serlo, pero surgen otros que pasan a serlo también. El patrimonio se va construyendo a lo largo del tiempo”.
Madera, lata y mar
En Chiloé, lo cultural y lo natural no se separan. Basta con mirar cómo se construye. “Acá en Santiago, si alguien tiene que poner pilotes, va a buscar pilotes de cemento. Allá, si la gente puede, compra el cemento; si no, va al monte, saca un par de palos y los hace de madera”.

Pero esa relación se transforma. Cada vez hay menos árboles y más cuidado, y surgen otras soluciones constructivas. Lira pone un ejemplo que sorprende: las casas forradas en lata, que muchas veces ni se pintan. Brillan un tiempo y después se oxidan.
“Eso es parte de la transformación del patrimonio arquitectónico de fines del siglo XX. Y es muy probable que hacia el siglo XXII ya sea patrimonial”.
La naturaleza marca la vida diaria. En la isla se trabaja en el mar, con ovejas y gallinas, en la agricultura, la conservación o el turismo. Ni siquiera la vida urbana escapa de ella. “En Ancud, a dos cuadras y media de la plaza, estoy a la orilla del mar. Y si me voy para atrás, en cinco cuadras estoy subiendo un cerro con la vista de toda la bahía”. En Chiloé, resume, “uno está permanentemente vinculado a la naturaleza”.
La corteza y el espíritu del árbol
Lira reconoce el aporte de la fotografía documental: dice que el registro de las transformaciones de Chiloé “ha hecho historia” y que hoy le da a la gente “nexos de identidad visual” y de recuperación de memoria.
Pero esa imagen tiene un límite: “Deja fuera la poesía, las percepciones, las sensaciones, los olores, lo que se vive a nivel de piel”. Ni siquiera alcanza la fotografía de paisaje más cuidada, la de atardeceres y mañanas con bruma, que sigue hablando “un lenguaje figurativo, realista”. Para explorar esas otras dimensiones, Lira recurre a la abstracción y a la experimentación.
¿Se resiste entonces el territorio a ser fotografiado? Lira corrige la pregunta de inmediato. “No, al contrario, no se resiste: se entrega”. Lo que hace Chiloé es pedirle algo a quien lo mira.
“Chiloé te exige una actitud poética para captarlo. Si te permites sentir desde el alma, llegas al alma del paisaje. Si no, vas a captar la corteza del árbol y no el espíritu del árbol”.
Y remata: “Si no, lo que obtienes son documentos, pero no vivencias”.
“Chiloé te exige una actitud poética para captarlo. Si te permites sentir desde el alma, llegas al alma del paisaje. Si no, vas a captar la corteza del árbol y no el espíritu del árbol”.
Mover la cámara, invertir el mundo
Su exploración fotográfica lleva unos diez años. “Puedo ir todos los años a un mismo lugar y nunca voy a hacer las mismas fotografías”, cuenta. “El lugar cambia, yo soy sensible a esos cambios y además he ido experimentando”.

El primer camino fue la exposición múltiple: varias tomas seguidas que se funden dentro de la cámara en una sola imagen. Las capas se superponen y dejan zonas más transparentes y otras más densas, colores intensos y bordes que se difuminan. Ella insiste en un punto: no es fotomontaje. “A mí me gusta que la foto salga de la cámara terminada”.
El segundo es el movimiento intencional de cámara (ICM, por su sigla en inglés). Con una velocidad de obturación lenta, Lira mueve el equipo mientras dispara. Los colores se desplazan y las formas se vuelven manchas.
“El movimiento de cámara te permite transmitir ese elemento difícil de asir: esas sensaciones que tienes frente a algo, pero que no puedes agarrar con la mano”.
Compara la experiencia con la bruma. Cuando uno entra en ella, deja de verla, porque está adentro. Y la bruma, además, se mueve y se transforma.
Luego vinieron los que ella llama “mundos invertidos”. La mayoría de sus exposiciones múltiples combinan entre tres y cinco tomas. Estas, en cambio, son solo dos: una con la cámara de frente y otra girada en 180 grados, superpuesta a la anterior. El resultado cruza luces y sombras y crea “una espacialidad totalmente diferente a la realidad, pero generada exclusivamente por elementos de la realidad”.
“El movimiento de cámara te permite transmitir ese elemento difícil de asir: esas sensaciones que tienes frente a algo, pero que no puedes agarrar con la mano”.
“Profe, sáqueme una foto”
El paso de esa exploración personal a una iniciativa compartida surgió de una conversación con la comunidad. Hace dos años la invitaron a exponer fotografías en blanco y negro dentro de una feria costumbrista, montadas en un potrero. Eran imágenes que llevaba años tomando en la zona.
Los vecinos empezaron a reconocerse. “Este es el fulano. Uy, está acá, ya se murió. Esta es la señora”. Después le pedían que fuera a fotografiar al que trabajaba las manzanas o al que preparaba el curanto. Cuando Lira les contó que también hacía fotografía artística, ellos mismos la animaron a mostrarla.
A la iniciativa se incorporó Camila Ramírez, de la Oficina de la Mujer de Dalcahue. El equipo reunió, además, a las académicas María Irene Pardow, de la Escuela de Diseño, y Cecilia Morales, de la Escuela de Arte, junto con las estudiantes Yuyuniz Vera y Melanié Hidalgo. La propuesta fue presentada al Fondo de Creación Artística Interdisciplinaria, de la Vicerrectoría de Investigación, Creación Artística e Innovación de la Universidad Finis Terrae.
La muestra, inaugurada en Ancud y abierta hasta fines de octubre, continuará en Dalcahue a comienzos de noviembre, con actividades de mediación, y llegará a Castro en diciembre para cerrar su recorrido por la isla. Su presentación en Santiago se proyecta para marzo o abril de 2027, en un espacio por confirmar.
Una vez terminada la itinerancia, la muestra no irá a una bodega. Cada espacio que la reciba se quedará con una obra donada, que pasará a formar parte de su patrimonio.
Un libro para mirar sin apuro
Si la exposición es efímera, el libro busca quedarse. “El libro te entrega permanencia”, dice Lira. La idea es que la gente pueda recorrer las imágenes “sin apuro, verlas una y otra vez” y que salga con ganas de hacer su propia fotografía creativa.

artificiales mantienen un color que la lluvia no puede borrar.
La publicación es fruto de un trabajo de equipo. La profesora María Irene Pardow estuvo a cargo de la tipografía, la estructura y el formato, mientras una estudiante de Diseño desarrolló los afiches y las piezas de difusión. Para Lira, valorar los aportes de cada integrante es parte del trabajo interdisciplinario: permite incorporar miradas y soluciones que enriquecen el resultado.
Una mirada que se comparte
La vida en la isla ha transformado su forma de observar. Lira cuenta que una mañana de cero grados se detuvo frente a una poza de barro congelado a la orilla del camino. Las grietas del hielo le parecieron arte abstracto y empezó a fotografiarlas. “Tú ves la foto y jamás se te ocurriría que es una poza de barro”.
Para ella, ese es el punto de todo el proyecto: aprender a mirar más allá de lo obvio. A las instituciones que siguen trabajando solo con fichas e inventarios les pide que abran el patrimonio “de formas más diversas y dinámicas”, para que llegue a las personas desde la emoción.
O, como plantea Bahamonde Barría en el prólogo del libro, que la imagen deje de describir y empiece a evocar.
Esa búsqueda continúa en las actividades de mediación. Lira pide a cada asistente que se sitúe junto a su imagen favorita, le toma una fotografía con el celular y le pregunta por qué la eligió. En la primera jornada participaron principalmente personas mayores, que “se entusiasmaron muchísimo”. Algunas incluso se animaron a intervenir fotografías impresas.
Las obras se convierten así en un punto de partida para nuevas interpretaciones. “Lo que la imagen me dice a mí, ya lo tengo claro. A mí me interesa lo que las imágenes les dicen a ellos”.