En un escenario donde las sociedades actuales reafirman el valor de la dignidad humana y el rechazo a la concentración del poder estatal, la Universidad Finis Terrae congregó al antropólogo social y doctor en teoría política Pablo Ortúzar y al doctor en filosofía Alejandro Vigo en el coloquio “Liberalismo y catolicismo”. La actividad, moderada por el académico de la Facultad de Derecho Cristóbal Aguilera, abordó las tensiones contemporáneas entre las libertades individuales, el libre mercado y la doctrina social de la Iglesia Católica.
Durante su intervención, Pablo Ortúzar cuestionó la incapacidad de la elite política y del mundo cristiano para comprender el trasfondo ético de las movilizaciones de 2019 en Chile, haciendo un llamado a superar las lecturas puramente criminales del fenómeno: “Ha faltado al mundo cristiano y a la derecha escuchar y mirar con ojos de caridad el proceso del estallido social. Lo que ocurrió ahí tiene elementos profundamente cristianos: la idea de que la dignidad humana está por sobre la economía y por sobre la materia. El malestar se expresa frente al abuso y a la desesperación de ser tratado como peor que una cosa. A mí me molesta cuando simplemente se dice ‘esto es puro delincuente’, porque ha faltado una mirada caritativa frente a esa angustia y frustración”, sostuvo Ortúzar.

Por su parte, el filósofo e investigador Alejandro Vigo profundizó en la paradoja formulada por el filósofo alemán Ernst-Wolfgang Böckenförde, señalando que la fragilidad del Estado liberal es, al mismo tiempo, su mayor virtud frente a las tentaciones autoritarias. Vigo advirtió contra la “estatolatría” (devoción al estado) —compartida tanto por sectores schmittianos de izquierda como de derecha— que busca imponer la moralización o la transformación de la sociedad «desde arriba» mediante el aparato coactivo del Estado: “La transformación social se hace a través de la educación, el convencimiento, la prédica y el llamado a la conciencia; no a través de estructuras jurídicas obligatorias. Pretender usar la coacción del Estado para ‘salvar almas’ o imponer modelos morales es una contradicción que termina haciéndole el juego a la expansión permanente del poder estatal”, enfatizó Vigo, quien además criticó la reducción de la libertad a un mero consumismo y hedonismo individualista.
Ortuzar también tuvo palabras para referirse al rol que está teniendo la Iglesia Católica en la actualidad, y destacó que el no dominio actual que tiene en la política, le hace bien al catolicismo y a la sociedad: “La Iglesia no debería querer volver a tener el tipo de dominio que tuvo en la sociedad chilena hasta los 90. No le hacía bien ni a la Iglesia ni a la sociedad chilena. La Iglesia está mucho mejor y debería pensarse en un orden político-liberal y preocuparse mucho más de su autoridad espiritual que de cuánta autoridad política tenga”.
En esa misma línea, Vigo destacó que la Iglesia se ha ido adaptando a los contextos estatales : “La autocomprensión de la Iglesia respecto de los órdenes democráticos fue modulándose. Porque la Iglesia tiene un mensaje, que es de salvación y que es eterno, pero que tiene que ir cumpliendo a la luz de la historia […]. Uno juzga la historia desde dentro; entonces la Iglesia tuvo que ir aclarándose y lo hizo con mucha lucidez frente a los desafíos de su tiempo”.
Asimismo, ambos expositores coincidieron en que el liberalismo bien entendido no es intrínsecamente anticatólico, pero advirtieron sobre los riesgos de desvirtuarlo a través de un economicismo neoclásico o un “capitalismo de amigos” (crony capitalism). En esa línea, Ortúzar destacó que la verdadera política democrática exige desmantelar la pretensión de elevar las disputas partidarias a un plano existencial o teológico: “Cuando uno asume el liberalismo como forma política, lo que está diciendo es que la salvación humana no se juega en la arena política”.

Al respecto, Alejandro Vigo advirtió que la desnaturalización del liberalismo responde en gran medida a la hegemonía de la economía neoclásica, la cual se redujo a simples modelos matemáticos: “Hay gente que hace metafísica con una planilla de Excel. La enseñanza neoclásica, por buscar el prestigio de la matematización, ha sido la catástrofe del liberalismo. Un orden liberal es primero un orden moral, no un algoritmo económico”, afirmó Vigo.
Por su parte, Ortúzar cuestionó la tentación de ciertos sectores religiosos de recurrir al poder coactivo del Estado para imponer convicciones o conductas éticas en la sociedad: “Los cristianos a veces caen en la flojera del ‘atajo del Estado’: como la gente no va a misa, quieren hacer una ley para obligarla. Pretender ocupar el poder político temporal para salvar almas es una locura histórica”, enfatizó el antropólogo.
Finalmente, el panel coincidió en que el «capitalismo de amigos» distorsiona el libre mercado, recalcando que la libertad auténtica se sostiene en la responsabilidad ética y en el fortalecimiento de la sociedad civil por sobre la coacción estatal: “La libertad no es capricho, es la capacidad de regirse por mandatos morales. La respuesta frente a las discrepancias no es la fuerza del Estado, sino la educación, la razón y la sociedad civil”, concluyó Vigo.
