El docente de la Escuela de Publicidad participó como invitado de la Embajada de Chile en Perú en la 30.ª Feria Internacional del Libro de Lima. La presentación de Lautaro, el ascenso, los espacios de conversación con actores de la industria y la revisión de portafolios de nuevos ilustradores marcaron una experiencia que, más allá de la exhibición, puso en el centro la importancia de construir redes para proyectar la creación latinoamericana.
¿Qué ocurre cuando una historia nacida en un contexto local comienza a circular fuera de sus fronteras? ¿Cómo una disciplina que durante años ha debido luchar por su reconocimiento puede convertirse en un espacio de diálogo internacional? Para Francisco Inostroza, docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Creativos (FADEC) de la Universidad Finis Terrae, la respuesta pasa necesariamente por la colaboración.
Entre el 22 de julio y el 6 de agosto, Inostroza participó como invitado de la Embajada de Chile en Perú en la 30.ª Feria Internacional del Libro de Lima (FIL Lima), uno de los principales encuentros culturales y editoriales de Latinoamérica. Su presencia estuvo marcada por tres dimensiones que se cruzaron durante la feria: la creación, la gestión cultural y la formación de nuevas generaciones.
Uno de los principales hitos fue la presentación de Lautaro, el ascenso, novela gráfica realizada junto a Claudio Muñoz y Felipe Benavides y publicada en Chile por Historieta, en coedición con Editorial SM. La obra, que obtuvo la Medalla de Bronce en los 17.º International MANGA Awards de Japón, llegó a Lima como una muestra concreta de las posibilidades que puede alcanzar la narrativa gráfica chilena cuando logra articular creación, investigación y circulación editorial.
“Fue una validación del trabajo colectivo, más que individual”, explica Inostroza. Para el docente, la presencia de la obra en la FIL Lima confirma que la historieta chilena puede participar en circuitos internacionales desde un lugar de igualdad, no como una expresión periférica o meramente folclórica, sino como una forma de narrativa capaz de abordar temas históricos y culturales con profundidad y proyección.
Pensar la historieta como una red

La participación de Inostroza también estuvo marcada por una reflexión sobre la propia industria. En el conversatorio “De la historieta local al circuito global: gremios, redes y proyección internacional”, compartió junto a Marco Gonzales una mirada sobre los desafíos que enfrenta el sector y sobre el papel que cumplen las organizaciones de creadores para abrir nuevos caminos.
Desde su experiencia como socio fundador de la Cooperativa de Narrativa Gráfica Chilena y Director Creativo del Salón Internacional de la Historieta, plantea que la profesionalización del sector no puede depender únicamente de esfuerzos individuales.
La construcción de redes entre autores, editoriales, instituciones públicas, espacios culturales y organizaciones gremiales aparece, en este contexto, como una herramienta para modificar el diagnóstico sobre las dificultades de la industria y transformarlo en acciones concretas. “Hay que cambiar el diagnóstico fatalista por una acción proactiva y en representatividad”, sostiene.
Esta perspectiva adquirió una dimensión latinoamericana durante la feria. El encuentro con creadores y editores peruanos permitió reconocer problemas comunes, pero también posibilidades de colaboración que difícilmente surgen cuando cada escena cultural funciona de manera aislada.
Cuando el intercambio también es formación
La experiencia tuvo además un componente directamente vinculado con la docencia. En el “Encuentro de Ilustradores: Revisión de portafolios”, Inostroza trabajó junto a Víctor Ynami y Melissa Siles, de Perú, y Trinidad Riesco, de Chile, revisando el trabajo de nuevos talentos.
Más que una instancia de evaluación, la actividad abrió un espacio de conversación directa entre creadores con distintas trayectorias. Para Inostroza, ese ejercicio constituye también una herramienta pedagógica: mirar una obra, formular preguntas, identificar posibilidades y entregar una crítica que permita al creador avanzar en la construcción de su propio lenguaje.
“La revisión de portafolios fue, en la práctica, un ejercicio docente: retroalimentar de forma directa el trabajo de creadores que recién están construyendo su voz”, señala.
El encuentro también puso de relieve el talento de las artistas y creadoras participantes, quienes, a su juicio, cuentan con capacidades que pueden proyectarse aún más mediante herramientas de emprendimiento, gestión y circulación de sus propios proyectos.
Así, la experiencia internacional no aparece separada de la formación, sino como una extensión de ella: salir del aula, encontrarse con otros contextos y comprender cómo se mueve una disciplina permite también traer nuevas preguntas y metodologías al espacio universitario.
Historias locales que pueden hablarle al mundo

La participación en la FIL Lima también llevó a Inostroza a reflexionar sobre el vínculo entre identidad y universalidad.
En una feria cuyo lema estuvo relacionado con la mitología y las palabras compartidas, Lautaro, el ascenso adquirió una dimensión particular. La historia de un personaje profundamente ligado a la memoria chilena puede dialogar con otros relatos latinoamericanos sobre resistencia, independencia y construcción de identidad.
Para el docente, contar una historia local no significa encerrarla dentro de una frontera. Por el contrario, una obra puede partir desde un territorio específico y encontrar resonancias en otras culturas cuando logra conectar con experiencias humanas compartidas. “Las historias locales, cuando están bien narradas, pueden alcanzar una resonancia universal”, plantea.
En ese sentido, la narrativa gráfica se convierte también en una forma de construir memoria y establecer diálogos entre territorios. La imagen y la palabra permiten recuperar episodios históricos, reinterpretarlos y ponerlos nuevamente en circulación frente a públicos que pueden acercarse a ellos desde otras experiencias.
Más allá de la vitrina
Uno de los aprendizajes que Inostroza rescata de la FIL Lima es que una feria del libro puede ser mucho más que un espacio de exhibición y venta. La presencia de editoriales universitarias, las conversaciones sobre industria, las presentaciones de obras y los espacios de revisión de portafolios construyen un ecosistema donde circulan simultáneamente libros, ideas, conocimientos y oportunidades.
“Esta mezcla de conversación gremial y trabajo directo con creadores emergentes es lo que más valoro de este tipo de encuentros: no se queda solo en la vitrina, se traduce en vínculos y ampliación de redes concretos”, afirma.
En esa mirada aparece también una invitación para las nuevas generaciones de creadores: comprender que una trayectoria no se construye únicamente a partir de una buena obra, sino también de la capacidad de compartirla, defenderla, generar comunidad y encontrar interlocutores. “Que no esperen a sentirse ‘listos’ para exponer su trabajo”, es el mensaje que Inostroza entrega a los estudiantes.
Su experiencia en Lima muestra, finalmente, que internacionalizar la creación no significa únicamente llevar una obra a otro país. También implica aprender a conversar con otras escenas, reconocer desafíos comunes, construir alianzas y abrir espacios para que nuevas voces puedan incorporarse al diálogo.
Desde esa perspectiva, la participación en la FIL Lima fue tanto una oportunidad para mostrar el trabajo de la narrativa gráfica chilena como una instancia para seguir construyendo las redes que permitirán que esas historias continúen viajando.
