El académico de la U. Finis Terrae publicó una columna de opinión en Cooperativa en la que analiza las movilizaciones juveniles globales y el quiebre de la promesa social que la escuela transmitió durante décadas.
Sebastián Escobar González, académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la U. Finis Terrae, publicó una columna de opinión en Cooperativa titulada “Movimientos juveniles ¿Qué tenemos los adultos para ofrecerles?”. En ella, reflexiona sobre las movilizaciones juveniles recientes en Francia, Bélgica, España, Alemania, Albania e India, y plantea una pregunta que invierte la lógica clásica de la educación: ya no qué hacen los adultos con los jóvenes, sino qué tienen para ofrecerles.
La promesa rota
Escobar parte de Émile Durkheim, quien definió la educación como la acción de las generaciones adultas sobre quienes aún no están maduros para la vida social. Por ello, esa definición supone un mundo relativamente estable que transmitir. Sin embargo, el académico advierte que ese supuesto se resquebraja hoy.
“Durante décadas, el mundo adulto ofreció una secuencia casi lineal: estudiar, conseguir un trabajo, formar una familia, acceder a una vivienda y, al final del camino, una pensión digna. Era una promesa y, como toda promesa social, se hacía principalmente en la escuela”, escribe.
Asimismo, señala que hoy cada uno de esos pasos se ha convertido en una carrera de obstáculos cuya meta no está garantizada. Además, advierte que el origen social, el territorio y el género siguen definiendo quién enfrenta más dificultades y quién cuenta con redes para sortearlas.
El lenguaje del mérito y la precariedad
Para Escobar, la escuela y la universidad siguen hablando el lenguaje del mérito y del proyecto de vida. Sin embargo, el mundo que espera a quienes egresan no siempre cumple su parte. En consecuencia, palabras como flexibilidad, resiliencia o emprendimiento terminan nombrando la precariedad con mejor tono.
“La trayectoria educativa-laboral se ha convertido en una responsabilidad individual sobre condiciones que son colectivas. El mundo adulto parece ofrecer más consejos que condiciones”, sostiene el académico.
Juventudes diversas, respuestas diversas
Por otra parte, Escobar advierte que sería un error homogeneizar a las juventudes actuales. Conviven quienes se organizan y salen a la calle, quienes se repliegan en estrategias individuales y quienes canalizan su malestar hacia opciones que prometen certezas y orden. En este sentido, el crecimiento del voto joven por sectores conservadores en varios países refleja esa diversidad.
“Cuando la promesa individual deja de ser creíble, lo colectivo vuelve a ser pensable para algunos y lo autoritario se vuelve atractivo para otros”, concluye.
📎 Lee la columna completa en Cooperativa