El complejo escenario económico nacional, sumado a las barreras burocráticas que frenan el progreso social, marcaron un nuevo encuentro de “Diálogos para el Desarrollo”. La instancia de la Universidad Finis Terrae congregó a especialistas en torno a la clase magistral del presidente del Centro de Estudios Públicos (CEP), Leonidas Montes, enfocada en poner “al ser humano en el centro” de la discusión técnica.
Durante la actividad, el PhD en Economía de la Universidad de Cambridge cruzó las ideas fundamentales de Adam Smith con la contingencia chilena, calificando la simplificación de trámites estatales, o permisología, como la reforma más urgente para salir del letargo productivo.
“La permisología es el área más importante en esta reforma que se quiere hacer. Significa permitir que cada grupo de personas pueda llevar adelante sus propios proyectos de vida, ya sea instalar un café, levantar una pyme o que las empresas ejecuten sus inversiones sin trabas”, afirmó Montes.
A juicio del director del CEP, el entramado regulatorio perdió su sentido original: “Llevamos demasiado tiempo en esto. Basta leer las noticias para ver lo ridículo que ha llegado a convertirse toda esta regulación donde, por caprichos, impedimos que las personas o empresas avancen. Esto constituye una tremenda traba de cara al progreso, el crecimiento y la inversión que más se necesita hoy”, enfatizó.

Un análisis desde la prosperidad humana
La pertinencia conceptual del encuentro fue respaldada por las autoridades de la Facultad. El decano, Dr. Miguel Vargas Román, relevó el valor de la obra académica clásica para comprender los desafíos institucionales contemporáneos. “La relevancia que tiene incluso hoy, después de 250 años, el libro de Adam Smith, La riqueza de las naciones, es trascendental para entender cómo distintos mecanismos de la sociedad juegan a favor o en contra del desarrollo, el crecimiento y la prosperidad”, afirmó la autoridad.
El catedrático profundizó en que los pilares del progreso no se reducen a variables materiales. “Comprender cómo la riqueza de las naciones descansaba no en la acumulación de capital o dinero en las arcas fiscales, sino en el trabajo, el intercambio y las relaciones que las personas establecen con sus semejantes, es algo absolutamente axial al quehacer de nuestra Facultad”, sostuvo.
El investigador del CEP respaldó sus críticas con el análisis del desempeño histórico de la actividad interna, comparando las décadas de expansión con la actual desaceleración. “Chile creció a un promedio de 5,5% entre los años 1986 y 2012. Sin embargo, llevamos 13 años con una expansión en torno al 2% anual. Tener un crecimiento tendencial en esa cifra genera consecuencias graves y plantea un tremendo desafío”, explicó Montes.
El académico detalló que este freno coincide con el ingreso a la OCDE en 2012: “Tengo una tesis provocativa: celebramos la incorporación, pero desde entonces nos fuimos llenando de regulaciones importadas. Es el legado de normas diseñadas para naciones desarrolladas cuando nosotros todavía no lo éramos. Esto terminó ahogando la inversión e impidiendo el progreso”.

Como consecuencia, advirtió que el país quedó atrapado en el estancamiento estructural. “Estamos en la trampa del ingreso medio. El gran desafío actual es volver a crecer sabiendo que este avance no es solo material, sino que implica un progreso en múltiples ámbitos de la sociedad”, argumentó.
Desde la perspectiva pedagógica de la unidad académica, el valor de estas reflexiones radica en su capacidad para robustecer las competencias analíticas de los futuros profesionales.
El director de la Escuela de Ingeniería Comercial, Ricardo Ruiz de Viñaspre, destacó el impacto de abordar la ciencia económica de manera transversal. “Este tipo de charlas mezclan la filosofía, la economía y la política. Por lo tanto, ilustran al alumno en un escenario amplio del conocimiento”, señaló.
A juicio del director, abrir el debate hacia estas fronteras conceptuales resulta indispensable para el ejercicio ejecutivo moderno. “No solamente son las matemáticas o las leyes, sino que también la filosofía aporta un componente abstracto. Esto ayuda a abrir la mente hacia otro tipo de análisis, transformándose en un activo a la hora de dirigir equipos, asesorar profesionalmente y desempeñarse en un grupo de trabajo”, concluyó Ruiz de Viñaspre.