La irrupción de mafias transcontinentales en Chile: Tecnología avanzada y el actuar en la sombra del crimen organizado

En el II Seminario de la U. Finis Terrae, especialistas y periodistas de investigación detallaron el sofisticado operar de redes asiáticas en el país y los vacíos institucionales para frenarlas.

Publicado el 3 de septiembre, 2026 · 5 min lectura

Con el objetivo de examinar la creciente complejidad del fenómeno delictual en la región, el Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Finis Terrae realizó el II Seminario sobre Crimen Organizado. La jornada congregó a especialistas en seguridad pública, representantes de las Fuerzas de Orden y Seguridad, académicos y periodistas de investigación.

Durante la apertura del encuentro, el director del Observatorio, Alberto Rojas, enfatizó que el crimen organizado dejó de ser una preocupación aislada para transformarse en el principal desafío de seguridad en América Latina. “Ya no estamos hablando solamente de delincuencia. El crimen organizado contemporáneo constituye un fenómeno mucho más complejo: hablamos de organizaciones capaces de operar simultáneamente en distintos países, controlar rutas y territorios, movilizar enormes cantidades de dinero y desarrollar redes transnacionales”, afirmó.

Rojas cuestionó además la histórica percepción de inseguridad en el país, señalando que Chile forma parte activa del mapa delictivo regional: “Durante mucho tiempo existió la percepción de que algunos de los fenómenos de violencia criminal que afectan a otros países latinoamericanos constituían realidades lejanas. Sin embargo, en los últimos años hemos comprobado que estas organizaciones son capaces de expandirse y adaptar sus métodos a nuestra propia realidad”.

La brecha entre la respuesta estatal y la red criminal

En el análisis de las respuestas institucionales, la presidenta de Women in International Security (WIIS Chile), Karen Meier, abordó la asimetría entre las capacidades adaptativas del crimen y la rigidez de las estructuras estatales. Mientras las bandas delictivas operan en red, de forma transnacional y aprovechando las tecnologías de la información, el Estado continúa respondiendo bajo esquemas jurisdiccionales locales y fragmentados.

“Chile tiene mecanismos, acuerdos e instituciones, pero la existencia de instrumentos no asegura una estrategia”, sostuvo Meier. La especialista criticó la tendencia del nivel político a reaccionar mediante “hitos” o acuerdos bilaterales coyunturales en lugar de articular una hoja de ruta con indicadores de resultados y definición de brechas. “Es la estrategia la que debiese ordenar la cooperación internacional y no al revés”, sentenció.

Gobernanza criminal y el riesgo de penetración política

Profundizando en las dinámicas de control del espacio urbano, el editor de investigación de El Mostrador, Carlos Basso, expuso sobre el drástico cambio en el modus operandi de las bandas para apoderarse de barrios, cités y campamentos en Chile. El periodista detalló que estas estructuras funcionan como organizaciones “multipropósito” que imponen una gobernanza paralela. “Tienen márgenes de ganancia de entre un 40% y un 50%, cifras que ningún negocio legal ofrece. No solo trafican drogas o armas: su principal giro es el tráfico de personas, la explotación sexual y el control de commodities. Si la marihuana se legaliza o deja de ser rentable, pasan a traficar paltas, huevos o alpacas”, ejemplificó.

Basso ilustró este dominio mediante casos como la toma de 22 edificios de departamentos en Talca para instalar clandestinos, la presencia de “picaderos” y calabozos informales en Santiago Centro, y la macro-favela de la toma “Nuevo Amanecer” en Cerrillos. Asimismo, lanzó una severa advertencia sobre la evolución institucional del fenómeno: “Estas estructuras buscan el aprovechamiento económico, pero también tienen un componente político. Les garantizo que ya debe haber políticos en nómina en nuestro país; es exactamente el mismo fenómeno de corrupción sistémica que hemos visto desarrollarse en Ecuador, Perú y México”.

Transcontinentalidad y el modus operandi de las mafias asiáticas

Por último, el periodista de Informe Especial, Jorge Molina, planteó que el concepto tradicional de transnacionalidad resulta insuficiente frente al alcance global de nuevas organizaciones criminales, proponiendo el término “transcontinentalidad”.

Molina profundizó en el comportamiento de las redes delictivas de origen chino que operan en el país, describiéndolas como estructuras caracterizadas por un trabajo silencioso, diversificado y altamente reservado. “Es un fenómeno con características completamente distintas a todas las demás mafias en Chile: operan con un nivel de discreción que las convierte en un ‘enemigo íntimo'”, explicó.

Molina remarcó el valor del periodismo de investigación de largo aliento para dar seguimiento a las carpetas judiciales y mantener la memoria institucional frente a la velocidad de la pauta mediática. “Lo que muchas veces nos falta es continuidad: pasa algo, surge un nuevo hecho y empezamos a olvidar. Por eso es fundamental el trabajo de investigación y sistematización, para mantener la atención sobre cómo evolucionan estas estructuras y no perder la perspectiva”, enfatizó el periodista en un seminario que concluyó abordando la relación entre los medios de comunicación y el tratamiento informativo del crimen organizado.