12 proyectos desarrollados por estudiantes del Taller 9 de la Escuela de Arquitectura fueron presentados en el Palacio Falabella, como resultado de un trabajo colaborativo con la Municipalidad de Providencia en torno a los distritos universitarios y su relación con la ciudad.
Pensar una ciudad también significa preguntarse cómo conviven quienes la habitan de manera permanente con quienes llegan diariamente a ella para estudiar, trabajar o desarrollar distintas actividades. En Providencia, donde la presencia de instituciones de educación superior forma parte activa de la vida urbana, esta relación plantea desafíos concretos para el espacio público, la movilidad, los servicios y la convivencia cotidiana.
Desde esta perspectiva, los estudiantes desarrollaron durante el semestre distintos proyectos orientados a comprender y abordar la relación entre los distritos universitarios y su entorno. El proceso contó con la Municipalidad de Providencia como contraparte y culminó con la presentación de 12 propuestas en el Palacio Falabella.
Más que responder únicamente a un ejercicio académico, el taller propuso a los estudiantes aproximarse a un territorio real, observar sus dinámicas y reconocer las distintas formas en que sus habitantes utilizan y experimentan el espacio.
Comprender antes de proyectar

El punto de partida fue la observación. Antes de proyectar, los estudiantes debieron comprender las características del territorio y las relaciones que se producen entre quienes viven, estudian, trabajan y transitan por la comuna.
La presencia de universidades genera una población flotante que convive diariamente con los residentes y transforma los ritmos, recorridos y usos de determinados sectores. Esta realidad abrió preguntas sobre cómo integrar a distintos usuarios y cómo generar espacios capaces de responder a necesidades diversas.
Para Catalina Marshall, profesora del Taller 9 de la Escuela de Arquitectura, uno de los principales valores de la experiencia estuvo precisamente en trabajar con una contraparte vinculada directamente con el territorio. “Ha sido un proceso muy enriquecedor para los estudiantes, ya que han trabajado con la municipalidad como contraparte, desarrollando proyectos desde los cuales hay una necesidad real en torno a cómo se encuentran los campus y la sede universitaria con las ciudades”, explicó.
Este vínculo permitió que las propuestas fueran desarrolladas a partir de problemáticas concretas y que los estudiantes pudieran comprender que las decisiones arquitectónicas no ocurren de manera aislada, sino que tienen consecuencias sobre las dinámicas de quienes utilizan un determinado espacio.
Así, el ejercicio propuso entender la arquitectura como un proceso que comienza antes de la forma: en la capacidad de observar, escuchar e interpretar un territorio.
Del aula al territorio

El trabajo colaborativo con la Municipalidad de Providencia permitió trasladar parte del proceso formativo fuera del aula y enfrentar a los estudiantes con las complejidades propias de un contexto urbano real.
Durante el semestre, los proyectos abordaron distintas dimensiones de la relación entre las instituciones de educación superior y su entorno, considerando aspectos como el espacio público, la movilidad, los servicios y la vida de los barrios.
La presentación en el Palacio Falabella significó el cierre de este proceso y, al mismo tiempo, una oportunidad para que los estudiantes pusieran sus propuestas en conversación con autoridades municipales, docentes y miembros de la comunidad universitaria.
Para Anita Puig, directora de la Escuela de Arquitectura, esta instancia permitió dar visibilidad al trabajo desarrollado y reforzar el sentido que tiene este tipo de experiencia dentro de la formación de los futuros arquitectos. “Creo que fue una instancia inolvidable tanto para los alumnos como para nosotros, de realmente mostrar lo que se hizo durante el semestre y darle sentido a lo que se realiza dentro de la Escuela”, señaló.
La jornada permitió mostrar que la formación arquitectónica también puede desarrollarse a partir del diálogo con quienes conocen y gestionan cotidianamente un territorio. La ciudad dejó de ser únicamente el objeto de estudio para convertirse en una contraparte activa del proceso de aprendizaje.
Una mirada sobre las distintas formas de habitar

Uno de los desafíos que atravesó los proyectos fue reconocer que un mismo espacio puede ser utilizado por personas con necesidades, recorridos y experiencias muy diferentes.
Residentes, estudiantes, trabajadores, niños, personas mayores y otros usuarios forman parte de una misma trama urbana. Pensar esa convivencia supone ir más allá de diseñar espacios funcionales y preguntarse cómo estos pueden favorecer el encuentro, la integración y una mejor experiencia cotidiana.
Durante la jornada, el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, valoró el trabajo desarrollado por los estudiantes y la oportunidad de conocer sus propuestas para la comuna.
La experiencia permitió también que los estudiantes asumieron el desafío de comunicar sus proyectos frente a una audiencia distinta a la habitual y explicar cómo sus propuestas podían responder a las condiciones y necesidades que habían identificado durante el proceso.
Para Martina Navarrete, estudiante de Arquitectura y parte de los proyectos exhibidos, la instancia tuvo un valor especial precisamente por esa posibilidad de vincular el trabajo académico con el entorno. “Pocas veces se tiene la instancia de poder presentar el proyecto frente al alcalde y la comunidad educativa. Era un poco de nerviosismo, pero es un aporte que uno como estudiante puede hacerle a la comuna, levantar información y distintos proyectos que sirven, de una u otra forma, para mejorar la vida de la comunidad”, comentó.
Su experiencia refleja una dimensión central del ejercicio: comprender que proyectar también implica hacerse cargo de las personas que utilizarán los espacios y de las relaciones que pueden generarse a partir de ellos.
Arquitectura que aprende de la ciudad

Los 12 proyectos presentados en el Palacio Falabella son distintas respuestas a una problemática común: cómo construir una relación más integrada entre las instituciones de educación superior y la ciudad que las rodea.
El trabajo permitió que los estudiantes observaran un territorio, reconocieran sus dinámicas, dialogaran con una contraparte y desarrollaran propuestas desde necesidades concretas. En ese recorrido, el proyecto arquitectónico se convirtió también en una herramienta para investigar y comprender la ciudad.
La experiencia junto a la Municipalidad de Providencia reafirma así una dimensión fundamental de la formación en arquitectura: la capacidad de mirar el entorno antes de intervenir y de entender que cada decisión sobre el espacio puede influir en las formas en que las personas se encuentran, se desplazan y habitan.
Porque pensar la ciudad no consiste solamente en imaginar nuevas construcciones. También implica reconocer lo que ya existe, escuchar a quienes forman parte de ella y preguntarse cómo generar mejores condiciones para la vida en común.
En ese encuentro entre universidad y territorio, el Taller 9 permitió que los estudiantes llevaran su aprendizaje más allá del aula y entendieran la arquitectura como una disciplina capaz de dialogar con las necesidades reales de la ciudad.