Sebastián Arancibia estudiante de la Escuela de Arquitectura participó en un workshop internacional desarrollado en el marco del Congreso Mundial de Arquitectos UIA 2026, en Barcelona. Durante la experiencia, trabajó junto a estudiantes y jóvenes arquitectos de distintos países, desarrolló un proyecto de arquitectura efímera y recorrió una ciudad que terminó convirtiéndose, para él, en una extensión de su propia formación. Más que una instancia académica, el viaje significó una oportunidad para observar, experimentar y cuestionar su propia manera de entender la arquitectura.
La posibilidad de participar en esta experiencia llegó de manera inesperada para Sebastián Arancibia. Mientras buscaba concursos y distintas oportunidades para seguir desarrollándose fuera del aula, encontró la convocatoria al workshop internacional que se realizaría en Barcelona. La ciudad, además, era un lugar que desde hacía años quería conocer, por lo que decidió postular con un portafolio que reunía algunos de sus proyectos y otros trabajos que tuvo que desarrollar especialmente para la convocatoria. Después de varios meses, cuando incluso ya había dejado de pensar en la postulación, recibió la carta de aceptación que cambiaría sus planes para ese período.
El workshop formó parte de las actividades vinculadas al Congreso Mundial de Arquitectos de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) 2026 y reunió a estudiantes y jóvenes arquitectos provenientes de distintos países. Para Sebastián, llegar hasta Barcelona significó mucho más que asistir a un encuentro internacional: implicó enfrentarse a otras maneras de pensar la arquitectura, trabajar con personas que tenían experiencias académicas y profesionales diferentes a la suya y, al mismo tiempo, poner a prueba las herramientas que ha adquirido durante su formación en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Finis Terrae.
“Fue súper espontáneo. Mientras buscaba algún concurso en el cual pudiera participar, encontré este workshop, que además era en Barcelona, un lugar que hace años quería visitar, por lo que no dudé en postular”, cuenta.
Una experiencia construida desde la experimentación

Durante el workshop, Sebastián integró un grupo de trabajo junto al arquitecto portugués Nuno Melo Sousa. Su proyecto se centró en la arquitectura efímera y exploró la relación espacial que podían producir objetos formalmente distintos de su contexto, así como la manera en que estos interactuaban con quienes los observaban. El ejercicio tenía, además, una condición material concreta: todas las propuestas debían desarrollarse utilizando únicamente cartón reciclado y cinta.
El proyecto se integró posteriormente a un conjunto de piezas desarrolladas por los distintos participantes y fue instalado en Las Tres Chimeneas, una antigua infraestructura industrial de Barcelona que durante el workshop se convirtió en espacio de trabajo, encuentro y experimentación. Para Sebastián, el valor de la experiencia no estuvo únicamente en el resultado final, sino en el proceso de descubrir cómo una misma disciplina podía ser abordada desde perspectivas completamente diferentes.
Esa diversidad fue precisamente uno de los aspectos que más le llamó la atención. Durante los días de trabajo pudo conocer proyectos que utilizaban escombros para construir maquetas, propuestas desarrolladas desde la proyección escénica, documentales y ejercicios vinculados a materiales y fenómenos naturales. “Literalmente no hay límite”, explica, al describir la sensación de encontrarse con una arquitectura capaz de expandirse hacia otras disciplinas y formas de conocimiento.
La experiencia también reforzó una idea que Sebastián reconoce como fundamental dentro de su propia formación: la necesidad de experimentar antes de cerrar una respuesta. Para él, la arquitectura no debiera limitarse a reproducir soluciones conocidas, sino mantener abierta la posibilidad de explorar ideas poco convencionales y descubrir hacia dónde pueden conducir. “La experimentación, la obsesión, el no cerrarme a la posibilidad de desarrollo de una idea tan poco convencional, son pequeñas cosas que marcan la diferencia y te hacen valorar la disciplina, no como carrera, sino como capacidad de entendimiento de un submundo de posibilidades”, señala.
Barcelona como una extensión de la sala de clases

Fuera del workshop, la propia ciudad se transformó en una parte fundamental de la experiencia. Recorrer Barcelona significó para Sebastián encontrarse directamente con obras y espacios que hasta entonces había conocido principalmente a través de referencias académicas. La presencia de la arquitectura en la vida cotidiana, la relación entre edificios históricos y propuestas contemporáneas, y la manera en que distintos sistemas de movilidad conviven en el espacio urbano fueron algunos de los elementos que más despertaron su interés.
“Es un museo al aire libre”, comenta al recordar sus recorridos por la ciudad y las obras de arquitectos como Mies, Gaudí, Miralles, Harquitectes, Bofill, Herzog & de Meuron y Nouvel. Sin embargo, su aproximación a Barcelona estuvo lejos de ser solamente contemplativa. Frente a una ciudad con una historia arquitectónica tan amplia, Sebastián también tomó conciencia de todo aquello que todavía no comprende y que forma parte del proceso de convertirse en arquitecto.
“Siento que aún no tengo la sensibilidad suficiente para comprender la relación de la urbe, la necesidad de su Arquitectura, la dualidad entre moderno y antiguo o el por qué las obras son de tal características, pero aun así amé cada milímetro de ese lugar”, reflexiona.
Esa conciencia de no saberlo todo terminó siendo parte importante del aprendizaje. La experiencia le permitió comprender que observar una ciudad no significa únicamente identificar edificios o reconocer autores, sino intentar entender las relaciones que existen entre las obras, las calles, los usuarios y las formas de vida que se desarrollan en ellas. En ese sentido, Barcelona se convirtió en una segunda sala de clases: una ciudad que podía ser recorrida, observada y cuestionada desde la mirada de un estudiante.
El aprendizaje que surge del encuentro con otros

El carácter internacional del workshop fue otra de las dimensiones que Sebastián más valora. Compartir con estudiantes y arquitectos de otros países significó enfrentarse a experiencias y conocimientos distintos a los propios. Muchos de quienes participaron ya habían terminado sus estudios o se encontraban realizando programas de posgrado, por lo que las conversaciones y discusiones permitieron ampliar considerablemente su perspectiva sobre la disciplina.
“¡Demasiado, me abrió la mente!”, recuerda. Para Sebastián, una de las mayores riquezas estuvo precisamente en poder conversar sobre arquitectura desde experiencias diferentes, conocer visiones específicas sobre determinados temas y descubrir que muchas de las preguntas que aparecen durante la formación pueden ser abordadas de maneras muy distintas según el contexto desde el cual se las mire.
Entre los momentos que más recuerda se encuentra la conversación entre los arquitectos chilenos Smiljan Radić y Enrique Walker. Más allá del contenido de la conversación, la instancia tuvo para él un significado especial por la posibilidad de escuchar a dos referentes nacionales en un escenario internacional y conocer de cerca sus maneras de aproximarse a la arquitectura. “Fue de lo mejor que pude oír”, afirma.
Mirar la ciudad para pensar el futuro
La experiencia en Barcelona también dejó preguntas relacionadas con la ciudad y su funcionamiento. Sebastián quedó particularmente impresionado por la forma en que distintos sistemas de movilidad pueden convivir en el espacio urbano y por la posibilidad de desplazarse por la ciudad utilizando el transporte público. Más que establecer una comparación directa entre Barcelona y Chile, reconoce que la experiencia le permitió observar otras maneras de organizar el espacio y pensar en cómo esas decisiones inciden directamente en la vida cotidiana de quienes habitan una ciudad.
De todas esas observaciones surgió una idea que espera incorporar en sus próximos proyectos: la relación entre calle, usuario y arte. Es una reflexión que sintetiza buena parte de lo que encontró durante el viaje, entendiendo la arquitectura no como un objeto aislado, sino como parte de una relación permanente entre las personas y el entorno que habitan.
Una experiencia que también representa a la Escuela
Participar en una instancia internacional significó para Sebastián enfrentarse también a su propia formación. Estar junto a estudiantes de otras escuelas y países le permitió comparar distintas maneras de enseñar y aprender arquitectura, pero también poner a prueba sus propias capacidades frente a encargos y problemas desconocidos.
“La posibilidad de comparar la forma en la que enseñan Arquitectura aquí y en cualquier otro lugar es muy interesante. El medir mis capacidades frente a ciertos problemas o cuán rápido logro comprender un encargo me hace interactuar como agente de la universidad y, sin querer, un exponente de esta misma”, explica.
En ese proceso, reconoce especialmente el valor de una formación que le ha permitido experimentar, insistir sobre una idea y no descartar rápidamente aquello que puede parecer poco convencional. Para Sebastián, esa apertura resulta fundamental cuando un estudiante se enfrenta a contextos nuevos, porque permite responder a problemas que no necesariamente tienen una solución evidente.
La experiencia también reforzó su valoración por representar a la Universidad Finis Terrae en una instancia de estas características. “Y de ser así… pucha, súper feliz y orgulloso”, comenta.
Volver con más preguntas que respuestas

Después de Barcelona, Sebastián reconoce que su manera de entender la arquitectura cambió, aunque no necesariamente porque haya encontrado una nueva definición de la disciplina. Más bien, el viaje amplió el campo de preguntas desde el cual comienza a observarla.
“Para mí la Arquitectura cada vez es una interrogante, no para de modificarse y siempre tiene una faceta nueva”, plantea.
Esa idea atraviesa toda su experiencia. El workshop le mostró nuevas maneras de experimentar; los otros participantes, diferentes formas de pensar; Barcelona, distintas maneras de construir ciudad; y el viaje, una nueva disposición para observar. En lugar de cerrar el proceso con una conclusión definitiva, la experiencia parece haber abierto una etapa de mayor curiosidad.
Por eso, cuando piensa en aquello que el viaje le dejó más allá de lo académico, Sebastián no menciona únicamente los proyectos realizados o las personas que conoció. Habla de la posibilidad de viajar, de ser turista, de “saber menos” y aprender más, de ser consciente de sí mismo y, sobre todo, de observar.
Tal vez esa sea una de las experiencias más significativas que puede entregar una instancia internacional durante la formación de un arquitecto: sacar al estudiante de su contexto habitual para permitirle mirar desde otro lugar y, al volver, reconocer que el aprendizaje no consiste solamente en acumular respuestas, sino también en desarrollar la sensibilidad necesaria para formular nuevas preguntas.
Después de Barcelona, Sebastián no tiene completamente definido qué quiere hacer en el futuro, y tampoco parece querer tenerlo todavía. Prefiere mantener abierta esa posibilidad de descubrimiento. “Me gustaría no pensarlo, ya que comenzaría a planificarlo todo y le quitaría la sorpresa que me espera”, dice.
Y quizás esa decisión sea coherente con la manera en que hoy entiende la arquitectura: como una disciplina que no deja de transformarse y que, precisamente por eso, exige mantenerse atento, dispuesto a experimentar y capaz de mirar nuevamente aquello que parecía conocido.