¿Qué puede aportar hoy una universidad católica en un mundo marcado por la inteligencia artificial, la hiperespecialización del conocimiento y profundos cambios culturales? Esa fue la pregunta que convocó en Roma a directivos y académicos de la Red Internacional de Universidades del Regnum Christi (RIU), quienes participaron en el curso Cristianismo y Cultura, organizado por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.
Este programa se dicta desde hace diez años y ha formado a cerca de 400 colaboradores de colegios y universidades de la red, una trayectoria que lo distingue de otras instancias de formación institucional.
Durante dos semanas —entre el 13 y el 23 de julio—, los participantes combinaron sesiones académicas con recorridos por algunos de los principales hitos históricos, artísticos y religiosos de la ciudad. Las mañanas estuvieron dedicadas a conferencias sobre la relación entre cristianismo y cultura, la visión cristiana del ser humano y los desafíos del pluralismo ético, dictadas por los sacerdotes de la Congregación de los Legionarios de Cristo Gabriel Wendt, Daniel Ochoa, Alex Yeung, Sameer Advani y Marcelo Bravo. Las tardes trasladaron esas reflexiones a lugares que las encarnan: el Coliseo y los foros de la Roma antigua, las catacumbas de San Sebastián, la Basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos, entre otros.
Más que un viaje al pasado, la experiencia invitó a comprender cómo la tradición cristiana puede dialogar con los desafíos del presente y renovar la mirada sobre la misión de las universidades.
De la Universidad Finis Terrae participaron Daniela Sarrás, secretaria general; Alejandra Cetty, vicerrectora de Vinculación, Extensión y Comunicaciones; Mariana Vergara, directora de Aseguramiento de la Calidad; Ernesto Vega, decano de la Facultad de Medicina y Salud; Loreto Guzmán, directora de Formación General, y Alberto Pedro López-Hermida, director de la Escuela Periodismo y Comunicación.

Una identidad que se vive
Más allá de sus distintas responsabilidades y áreas de trabajo, una idea atravesó las reflexiones de los participantes: la identidad de una institución no se agota en sus programas académicos, sino que vive en la manera en que entiende al ser humano, promueve el diálogo y construye comunidad.
Para Alejandra Cetty, el curso reforzó una convicción que hoy resulta especialmente relevante para la educación superior: “Toda universidad expresa una determinada cosmovisión y, por lo tanto, su cultura nunca es neutra. Detrás de la manera en que una institución enseña, investiga, se vincula con la sociedad o construye comunidad existe siempre una determinada comprensión del ser humano, del conocimiento y del sentido de la vida”.
En ese sentido, explica que la experiencia en Roma fortalece el trabajo que la Universidad Finis Terrae viene desarrollando para hacer cada vez más explícita su identidad institucional y proyectarla de manera coherente en sus políticas, proyectos y relación con la sociedad.
Del patrimonio a la misión
El itinerario incluyó una peregrinación a Asís, cuna de la renovación franciscana, y una jornada en Subiaco, el monasterio donde San Benito inició la vida monástica occidental. Ambos sitios ofrecieron un contrapunto histórico a las sesiones académicas de la mañana.
Loreto Guzmán recuerda la visita a Subiaco como una de las experiencias más significativas: “En momentos de incertidumbre y caos externo, retirarse, reflexionar y hacer comunidad con otros no es solo necesario, sino fundamental para construir o reformar aquello que consideramos pertinente”.
El curso —”un viaje en el sentido más amplio de la palabra”, como ella misma lo describe— reforzó también la importancia de acompañar a los estudiantes en su desarrollo vocacional y de promover el encuentro entre las artes, las humanidades y las distintas disciplinas como parte de una formación integral.






Llevar la experiencia de regreso a la Universidad
Los participantes coincidieron en que el verdadero desafío comienza ahora, al traducir estas reflexiones en iniciativas concretas para la comunidad universitaria.
Alberto Pedro López-Hermida resumió la experiencia en una palabra: perspectiva. “Estas dos semanas de curso, con profesores extraordinarios, clases de gran profundidad, con visitas tremendamente emocionantes y con un grupo de colegas que pude conocer más allá de lo profesional, me permitieron ver con perspectiva mi relación con Dios, con la Iglesia, con mi familia, mi trabajo, mi entorno y conmigo mismo. Estoy aún calibrando la perspectiva que, no puedo decirlo de otra manera, se me regaló en solo dos semanas”.
A su juicio, esa mirada renovada representa también una responsabilidad: “Sé que este viaje fue un regalo material, intelectual y espiritual que pretendo devolver a la Universidad Finis Terrae día a día”.
Alejandra Cetty coincide en que el desafío recién comienza al volver a Chile: fortalecer una identidad institucional, explicó, no consiste únicamente en explicitar un ideario, sino en generar una cultura universitaria donde la excelencia académica, la búsqueda de la verdad, el diálogo interdisciplinario y la dignidad de la persona orienten las distintas dimensiones de la vida universitaria.
Para los representantes de la Universidad, el desafío es llevar esas preguntas al trabajo cotidiano: cómo integrar los saberes, cómo dialogar con la cultura contemporánea y cómo hacer que la identidad institucional se exprese en la experiencia concreta de quienes forman parte de la comunidad.
Más que entregar respuestas cerradas, Cristianismo y Cultura dejó preguntas para el regreso: cómo integrar los saberes en un contexto de creciente especialización, cómo dialogar con una cultura en transformación y cómo seguir formando personas capaces de buscar la verdad y poner la dignidad humana y el bien común en el centro.
