
Dos pacientes con un cáncer colorrectal aparentemente similar pueden tener evoluciones muy distintas. Mientras uno responde bien al tratamiento, otro desarrolla metástasis o resistencia a la quimioterapia. Explicar por qué ocurre esa diferencia es uno de los principales desafíos de la investigación en este tipo de cáncer, una enfermedad cuya incidencia ha aumentado entre adultos jóvenes en el mundo.
Esa es la pregunta que guía el trabajo de la Dra. Marjorie de la Fuente, académica investigadora del Centro de Investigación en Biomedicina (CIBMED) de la Universidad Finis Terrae. Su investigación busca identificar biomarcadores capaces de anticipar el comportamiento de los tumores y orientar el desarrollo de tratamientos más personalizados.
Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, De la Fuente se incorporó a CIBMED en 2021. Durante su trayectoria ha investigado cómo la inflamación y la respuesta inmune influyen en el desarrollo del cáncer colorrectal y de las enfermedades inflamatorias intestinales. Actualmente, su trabajo se centra en el microambiente tumoral y en la forma en que este influye en la evolución de la enfermedad, el pronóstico y la respuesta a los tratamientos.
En esa búsqueda aparece una protagonista clave: la panexina 1 (PANX1), una proteína cuyo papel en el cáncer colorrectal podría ayudar a explicar por qué algunos tumores presentan un comportamiento más agresivo que otros.
—¿Qué es la panexina 1 y por qué resulta una candidata tan prometedora como blanco terapéutico? –
—Es un canal, como un puente que está en la membrana de las células, por donde entran y salen pequeñas moléculas. Se ha visto que se expresa en distintos tipos celulares, pero en los tumores —en mama, en melanoma y también en cáncer de colon— aumenta su expresión. Como es un canal que permite el paso de moléculas, en el laboratorio se puede intervenir su función. En un trabajo previo que publicamos, bloqueamos este canal en líneas celulares de cáncer de colon en cultivo y vimos que las células tumorales proliferan menos. Además, en otros modelos se había visto que, al bloquear este canal, las células se vuelven más susceptibles a la quimioterapia: mueren más y son menos resistentes.
“(La panexina 1) es un canal, como un puente que está en la membrana de las células, por donde entran y salen pequeñas moléculas. Se ha visto que se expresa en distintos tipos celulares, pero en los tumores —en mama, en melanoma y también en cáncer de colon— aumenta su expresión”.
Estos resultados dieron origen al proyecto Fondecyt 2026 que su equipo comenzará a desarrollar. La investigación busca avanzar desde los modelos celulares estándar hacia el estudio de tumores obtenidos directamente de pacientes, con el fin de evaluar si la inhibición de la panexina 1 reduce el crecimiento tumoral y mejora la respuesta a la quimioterapia. Paralelamente, el equipo —en colaboración con investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile— estudiará si una mayor expresión de esta proteína en tumores más avanzados se asocia con la capacidad metastásica, es decir, con la capacidad de las células de abandonar el tumor original y viajar a otros tejidos.
—¿Cómo podrían estos hallazgos traducirse en beneficios concretos para los pacientes con cáncer colorrectal?
—Queremos generar conocimiento para entender el rol que podría tener este canal. Si se confirman nuestras hipótesis, que está relacionado con características metastásicas más agresivas o que favorece la respuesta a la quimioterapia, podríamos —a futuro— aplicar inhibidores de panexina para controlar la progresión del tumor. Eso nos acercaría a un tratamiento más personalizado para este tipo de cáncer: primero, identificar qué pacientes expresan más panexina y, por lo tanto, están en mayor riesgo de tener un tumor más agresivo; luego, usar un inhibidor para que respondan mejor a las terapias actuales.
Detrás de esa aspiración hay una idea que atraviesa buena parte de la oncología contemporánea: cada tumor es, en el fondo, único, producto de una acumulación particular de mutaciones. La tarea de la investigación es encontrar denominadores comunes —marcadores— que permitan agrupar a los pacientes y anticipar qué tratamiento les hará mejor.
—¿Cuáles son las preguntas que todavía no están resueltas y que la investigación busca abordar?
—Queremos entender los mecanismos: por qué la panexina está asociada a un tumor más agresivo. ¿Es por las señales que da al entorno o por algo que ocurre al interior de la célula? Creo que pueden ocurrir las dos cosas: como es un canal que libera moléculas, genera señales hacia las células vecinas, pero también hay señalización hacia el interior. Por eso, la estrategia combina distintos tipos celulares para ver cómo conversan entre ellos y qué le ocurre a la célula cuando el canal se abre o se cierra.
“Si se confirman nuestras hipótesis —que este canal está relacionado con características metastásicas más agresivas o que favorece la respuesta a la quimioterapia— podríamos, a futuro, aplicar inhibidores de panexina para controlar la progresión del tumor”.
Más allá del laboratorio
De la Fuente insiste en un punto que trasciende la biología molecular: la necesidad de fortalecer la concientización de una enfermedad que continúa teniendo menor visibilidad que otros tipos de cáncer, como el de mama, pese a contar con herramientas de tamizaje simples y no invasivas como el test de sangre oculta en deposiciones.
A ello se suma otro desafío: el acceso oportuno al diagnóstico. Los tiempos de espera para consultar con especialistas pueden retrasar la confirmación de la enfermedad, especialmente en algunos sectores del sistema de salud. Considerando que el cáncer colorrectal afecta por igual a hombres y mujeres y que su incidencia ha aumentado entre adultos jóvenes, la investigadora subraya la importancia de reconocer los síntomas de alarma y promover estrategias de prevención.
De cara al futuro, De la Fuente espera que investigaciones como esta contribuyan al desarrollo de tratamientos más personalizados para el cáncer colorrectal. Pero también aspira a que aumente la conciencia sobre esta enfermedad, favoreciendo el diagnóstico precoz y mejores oportunidades de tratamiento para los pacientes.