Investigación con sentido humano

Lo que el “estado de naturaleza” revela sobre el mundo actual

Publicado el 15 de julio, 2026 · 9 min lectura

La investigación del Dr. Gonzalo Letelier, decano de la Facultad de Humanidades y Comunicaciones, rastrea las fuentes filosóficas y teológicas del "estado de naturaleza" para comprender cómo esta idea sigue influyendo en nuestra forma de entender la autoridad, el poder político y la vida en comunidad.


Gonzalo Letelier, doctor en Derecho por la Universidad de Padua (Italia) y decano de la Facultad de Humanidades y Comunicaciones de la Universidad Finis Terrae, investiga una de las preguntas más persistentes de la filosofía política: cómo surgió una de las ideas que dio forma a la comprensión moderna de la autoridad y el poder político. A partir de Hobbes, Locke y la tradición escolástica de Agustín y Tomás de Aquino, muestra que el “estado de naturaleza” no es un simple concepto histórico, sino una herramienta para comprender cómo seguimos pensando hoy la vida en comunidad.

Su proyecto se ocupa de un aspecto poco explorado por la literatura académica: el origen y desarrollo del concepto de “estado de naturaleza”, y de cómo esa idea pasó a convertirse en uno de los fundamentos del pensamiento político moderno.

Pero la investigación no busca únicamente reconstruir la historia de una idea. También cuestiona un supuesto profundamente arraigado en la política moderna: que las personas obedecen las leyes principalmente por miedo a la sanción. Frente a esa visión, Letelier recupera la tradición clásica, en la que la autoridad se funda en bienes compartidos que una comunidad reconoce como propios y no solo en la capacidad de ejercer la coacción.

Pese a que los textos y autores que analiza tienen siglos —o incluso milenios— de antigüedad, las preguntas que plantea esta investigación siguen plenamente vigentes. Comprender cómo se construyó esta idea permite mirar desde otra perspectiva fenómenos como el estallido social, los debates constitucionales o incluso decisiones cotidianas, como pagar o no el pasaje del transporte público.

¿Qué había antes de las primeras organizaciones sociales?

“En general, los primeros grandes autores de la filosofía política de la modernidad explican la sociedad fundamentalmente como un artificio que surge de un consenso o un pacto entre los miembros que la integran; ese pacto presupone y asume como hipótesis que antes de vivir en sociedad había individuos que son sujetos de derechos, o que al menos tienen cierto tipo de intereses, y que, entonces, en virtud de un cálculo de conveniencia, deciden suscribir un pacto que los vincula junto con otros y los somete a un poder soberano”, dice el decano Letelier.

Con Hobbes, explica, la sociedad comienza a entenderse como el resultado de un acuerdo entre individuos que buscan protegerse mutuamente. Esa mirada marcará buena parte de la teoría política moderna.

Y agrega: “En el fondo, la idea es que el poder político se define por una soberanía, que es sobre todo la capacidad de coaccionar a los miembros de la sociedad, y ese poder coactivo se legitima por un consentimiento que se entiende como producto de un pacto. Esto exige suponer o imaginarse cómo habría sido esa condición antes del pacto. Y eso es lo que, en todos los grandes clásicos de la modernidad, hasta Kant e incluso en autores contemporáneos, con muchos matices, se llamó ‘estado de naturaleza’”.

“En general, los primeros grandes autores de la filosofía política de la modernidad explican la sociedad fundamentalmente como un artificio que surge de un consenso o un pacto entre los miembros que la integran”.

En una investigación anterior, el académico se ocupó de la eventual presencia del concepto en los teólogos escolásticos de los siglos XVI y XVII.

En su actual estudio, Fondecyt Regular 2023, Status (purae) naturae: dimensión política de la “naturaleza pura” y fuentes del “estado de naturaleza”, Letelier retrocede varios siglos para rastrear el origen de esta idea en la teología escolástica de la época del Concilio de Trento. Su investigación plantea que el concepto comenzó a elaborarse antes de Hobbes, aunque con un sentido distinto: responder preguntas sobre la condición humana más que sobre el origen de la sociedad.

En sus palabras, “los teólogos escolásticos de la época del Concilio de Trento son también juristas. Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Francisco Suárez son eminentemente teólogos, pero hacen mucha filosofía política. Ellos distinguen etapas en la historia de la salvación. Dios crea al hombre, en primer lugar, en un estado de inocencia original, en el que no había pecado ni posibilidad de pecar, y el hombre era naturalmente virtuoso; después, en virtud del pecado original, queda un daño en nuestra naturaleza, por el cual estamos inclinados al mal. En ese contexto, identifican ‘estados de la naturaleza’: está el estado de inocencia, el estado de naturaleza caída y un estado de naturaleza restaurada o redimida por los méritos de Jesucristo. Todo esto les permite plantear la pregunta: ¿cómo sería el hombre si Dios lo hubiera creado sin estado de gracia, es decir, sin dones sobrenaturales, pero también sin pecado? A eso, a esa imagen, le llamaron ‘estado de naturaleza pura’”.

Dos maneras de entender la autoridad

Esta respuesta no parece tener muchas consecuencias políticas. Sin embargo, Hobbes toma esa estructura de pensamiento y la traslada al ámbito político. La pregunta deja de ser cómo sería el ser humano sin la gracia divina y pasa a ser cómo sería si viviera al margen de la sociedad. Desde esa hipótesis, la sociedad comienza a entenderse como el resultado de un pacto entre individuos que da origen al poder político.

Para explicar este cambio, Letelier recurre a un episodio de la Edad Media que ilustra una forma distinta de entender la relación entre gobernantes y gobernados.

“En el momento en que el rey de la España unida tenía que ser coronado, tenía que recorrer España, obteniendo el juramento de fidelidad de todas las cortes y reinos. El juramento de los nobles de Aragón decía algo así: ‘Nosotros, que no somos menos que vos y que unidos somos más que vos, os hacemos rey para que defendáis nuestros fueros y libertades; y si no, no’. O sea, nosotros te hacemos rey y lo hacemos con un propósito, lo cual significa que tu poder es limitado, y si tú excedes el ámbito de ese poder, entonces pierdes la potestad. Este juramento reconoce que la sociedad es anterior a la institución de un monarca y que su poder es limitado, y que hay deberes de justicia recíprocos de ambas partes”.

En el esquema moderno de la soberanía, cambia completamente la naturaleza y los fines de esta potestad. Uno de los ejemplos típicos para debatir este punto es el deber del gobernante de cuidar la vida de la población.

“En la lógica de Hobbes, el hombre natural vivía con derecho absoluto a todo y entra a vivir en sociedad. ¿Por qué podría alguien hacer eso?”, se pregunta Letelier. “Bueno, porque tiene miedo a la muerte. Ahora bien, si yo entro a vivir en sociedad y constituyo un poder soberano porque tengo miedo a la muerte, entonces el soberano me puede mandar todo, excepto aquello que pone en peligro mi vida. ¿Por qué voy a arriesgar yo la vida por algo en lo cual participo precisamente para salvarla? Y entonces, por ejemplo, Hobbes no tiene manera de justificar la conscripción obligatoria para la guerra o la pena de muerte. Porque hay un límite”.

Esto lleva a Letelier a pensar en la reciente discusión sobre las propuestas constitucionales y qué hace una constitución. “Limitar el poder y garantizar derechos”, dice. “Una constitución moderna no fundamenta una comunidad de personas. En el fondo, en la lógica moderna, si hay algo que es imposible de fundamentar, es la vida de una comunidad, porque no hay bienes realmente comunes. Esta queda planteada como una sociedad comercial: entras porque te conviene y, en el momento en que te deja de convenir, intentas salir”, explica.

“En la lógica moderna, si hay algo que es imposible de fundamentar es la vida de una comunidad, porque no hay bienes realmente comunes”. 

Miedo al castigo

Y en el terreno de la vida cotidiana, la pregunta por el origen del poder político lleva a debatir si el respeto a las normas básicas se funda en evitar la sanción o en compartir el fundamento y el efecto positivo de dichas normas.

Por ejemplo, según Hobbes, los individuos obedecen las normas por miedo al castigo. Pero, “de hecho”, afirma Letelier, “no es así: cuando uno paga la micro no lo hace porque piensa que hay un inspector. Lo que sí pasa es que, si no hubiera sanciones, aquellos que sí se abstienen de actuar mal por miedo a la sanción dejarían de abstenerse y empezarían a actuar mal; y como ellos actúan mal, a los demás no les quedaría más remedio que hacer algo semejante, que es un poco lo que pasó con la anomia del estallido social. Gente que en su vida habría pensado en saquear un supermercado termina metida allá adentro porque piensa que si no se queda sin nada”.

El académico de la Universidad Finis Terrae se encuentra actualmente al inicio del último año de su proyecto Fondecyt, y espera contribuir desde la obra de Aristóteles, Tomás de Aquino, Suárez, Hobbes y otros autores modernos, a echar luz sobre el concepto de “estado de naturaleza”.

De este modo, pretende cumplir en parte su sueño de adolescencia, cuando decidió dedicarse a la filosofía: acercarse al saber desde los clásicos y los principios. “Aristóteles decía ‘lo propio del sabio es que sabe todo sin tener ciencia de nada en particular, porque conoce los principios’. A partir de esos principios, salen luces sobre cualquier otra materia”, concluye.